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La obra está ubicada en la Península de Coliumo (a 550 km al sur de Santiago), un sector rural apenas poblado por campesinos, pescadores artesanales y un tímido turismo estival. Esta situación apartada condicionó nuestra operación de dos maneras. Por un lado, debíamos trabajar con una tecnología arcaica y una mano de obra local carente de especialización. Por otro lado, teníamos que intervenir un paisaje idílico, cuya abrumadora perfección tarde o temprano sería perturbada. Siempre es difícil resistir la tentación de alcanzar el borde, de sentir la caída, estando frente a un acantilado. Hay una sensación de vértigo un poco morbosa. Pero, en este caso, la resistencia del suelo nos obligó a confinar la operación en una pequeña pieza retirada del borde: una figura compacta que dejamos sin escala ni referencias que suavizaran su dureza. Ver más Ver descripción completa
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