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Érase una vez en la periferia de una pequeña población de la Vega Baja alicantina, Callosa del Segura, donde se fue a construir una Escuela infantil de primer y segundo ciclo. Ésta se concibió como un nexo de unión entre dos mundos muy diferentes, el mundo de los niños donde habitaba la inocencia, el juego, la sorpresa, el descubrimiento, la fascinación y los sentidos; y el mundo de los adultos donde gobernaba la responsabilidad, el trabajo, la jerarquía, la funcionalidad, la economía y lo racional. Desde un inicio hasta la materialización se atendió a la ambigüedad y a la dualidad existente entre esos dos mundos, y a las relaciones entre ambos, por un lado se presta atención a las sensaciones, al juego de escalas y al ir descubriendo desde no más de un metro de altura los espacios que alberga, y por otro a una sectorización del espacio por medio de piezas que se suceden y ordenan para un perfecto control y funcionalidad a una cota superior al metro y medio. Ver más Ver descripción completa
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