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Cómo un viejo edificio anexo se convirtió en un taller de escritor, un jardín para los huéspedes, y un paraíso para los niños. Los obreros del pueblo querían derribar el cobertizo negro de 1934: decían que tenía corrientes de aire y estaba venido a menos por el clima y los gusanos. Pero nos gustó este edificio anexo negro de la casa con techo de mansarda en los bosques de Viena que acabábamos de reformar de manera radical pero respetuosa. El atractivo especial de este proyecto radica en el redescubrimiento de estas antiguas dependencias en las sombras de las villas Bosques de Viena. En la década de 1930, pocas personas podían permitirse un sótano, menos aún un garaje. Y por eso construyeron sus propios cobertizos para almacenar madera, criar conejos o lavar ropa, que luego se colgaba a secar en el ático. Ver más Ver descripción completa
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