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Las huellas del fuego, material, técnica y conceptualmente, se convierten en la guía para el proceso de restauración de un mítico club de música tras el incendio que casi lo convierte en cenizas. En 1989 Planta Baja reabría sus puertas en su actual ubicación tras abandonar un antiguo y pequeño local. Para dicha ocasión la diseñadora Carmen Sigler realizaría una collage en el que Nosferatu, bajo el eslogan “Matar para Resucitar”, decía adiós al pasado dando la bienvenida a una nueva etapa. Desde entonces la sala afianzaría su posición de vanguardia convirtiéndose en uno de los espacios de referencia dentro de la escena musical tanto local como nacional. Con un atractivo diseño, muy de la época, este espacio se presentaba dividido en dos niveles. La amplia sala en la planta sótano sería destinada a la celebración de conciertos mientras que el local de planta alta, en contacto directo con la calle, serviría de escaparate, acceso, taquillas y bar. Si bien el espacio de conciertos apenas sufriría transformaciones a lo largo del tiempo, el nivel superior si que sería intervenido como consecuencia de sucesivas adaptaciones a normativas técnicas y a cambios de propiedad. El resultado sería el de una amalgama de capas de distintas épocas que deslucían el fuerte carácter unitario presente en la intervención original. Ver más Ver descripción completa
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