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Parecen peleados, la ciudad de Lima y el río Rímac, aunque éste la atraviesa (y nutre) de este a oeste. Por eso destacamos el uso del término “amistad” como valor agregado para abordar este tema. Una forma de entender esta relación como lo sólida e integral que debería ser. Así lo anuncia el proyecto que presentaremos aquí, el cual hemos desempolvado de nuestros archivos para sacarlo justamente a la luz. Empieza el verano y el fenómeno del niño se acerca; por ende, las crecidas del río Rímac también, y es inevitable recordar los desastres ocasionados por los huaycos hace un año. Poco o nada se ha hecho frente a esta no-relación con el río en la ciudad, por ello refresquémonos.  Increíblemente, la ciudad ha crecido a espaldas del rio Rímac, el cual desde culturas milenarias, pasando por virreyes, gobernantes hasta vecinos limeños de la primera mitad del siglo XX han apreciado con cariño y cuidado, aprovechando sus bondades naturales. Con el tiempo, los limeños han ido perdiendo la pertinencia y el cuidado que sus predecesores ejercieron: desde construcciones en riberas e invasiones hasta la pésima gestión de los desechos, muchos problemas han surgido generando un panorama ahora agreste, distante de lo que el río alguna vez fue. Habiéndose convertido en un problema sanitario, no han existido planes reales que pretendan salvar en primer lugar de la contaminación y en segundo lugar (y casi de forma más remota) integrarlo a la ciudad.  Ver más Ver descripción completa
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