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A través de tres volúmenes térreos y sólidos, se conforma la Casa del Cielo. Como si de una roca tallada se tratara, o de un monte cortado donde se ven las capas de la tierra, estas tres cajas se esculpen para descubrir el espacio interior y revelar las capas que la conforman. Pareciera que la luz los perforara para encontrar su lugar y quedarse ahí sin término de tiempo, tal y como un chorro de agua logra cortar una roca maciza y agrietarla con una precisión perfecta. La función de esculpir tres volúmenes reside en la separación del programa, en entender una volumetría introvertida e íntima, que se deja leer desde afuera, pero sólo se comprende desde adentro. Entendiendo que la forma maciza y pesada es como una escultura labrada, el tabique que la conforma se modula de manera exacta tanto al interior como exterior, creando, a través de ventanas estratégicamente colocadas, relieves y vacíos. Su materialidad envejece dignamente, expresándose tal y cómo es, dándole un carácter atemporal. En el tabique se esconden los castillos, pero el tabique no se esconde, predominando así, la calidez espacial. Ver más Ver descripción completa
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