Agrandar imagen | Ver tamaño original
La resolución principal de la pandemia del coronavirus COVID-19 se convirtió para la mayoría de los países en la disposición de medidas de cuarentena: aislar estrictamente a personas de una enfermedad, durante un período de tiempo no especifico. El resultado, espacios públicos y privados cerrados que a la par de evitar nuevos contagios y lamentables muertes incrementaron la incertidumbre en la economía mundial bajo la pregunta ¿cómo vamos a trabajar? - traduciéndose para muchos en cómo vamos a comer. Los empleos formales con posibilidades de teletrabajo o trabajo en internet citaron a realizar "home office" en escala masiva, ya replanteando desde un principio cualquier pronóstico del futuro del transporte público y la movilidad; hay muchos impresionados de cómo la restricción de circulación provocó una confusa disminución general de la contaminación en las ciudades (y aumentó el tiempo ocioso para el entretenimiento con un buen libro, museos ahora virtuales o documentales en Netflix). Algo similar tuvo lugar desde la academia, el llamado a tener clases online puso a reflexionar a muchos estudiantes y profesores sobre las ventajas y desventajas de la presencia física en la universidad - cuestionando más que nada el acceso público a la educación en internet frente a no tener costos sobre una infraestructura de edificios para la educación. Las empresas que van al día con el comercio electrónico y los servicios de distribución deben estar pensando bastante en este momento - los robots y drones autónomos para fabricación y delivery deben estar en la punta de la lengua.  Ver más Ver descripción completa
Compartir Compartir