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Es probable que, como consecuencia de la emergencia sanitaria del COVID-19, nuestra forma de entender el transporte urbano cambie. Si bien los prejuicios asociados a la utilización de coches impulsados por combustibles fósiles ya tenían un gran peso en tiempos previos a la explosión de la pandemia –principalmente por sus desventajas en términos de contaminación ambiental-, y el transporte sustentable se había posicionado como un tema relevante en la agenda urbana, ahora, la necesidad de cumplir con el distanciamiento social para detener la propagación del coronavirus ha acelerado los debates en torno a la movilidad, y la bicicleta no tardó en aparecer como una alternativa factible para permitir un transporte más seguro durante la pandemia del COVID-19 en distintas ciudades del mundo. La bicicleta ha demostrado por años ser un medio de transporte resiliente y amigable con el ambiente. Al ser un transporte individual, donde es relativamente sencillo respetar las distancias de seguridad recomendadas -entre 1,5 y 2 metros- en tiempos de coronavirus, se han convertido en el vehículo más seguro y práctico para reducir los riesgos de contagio. Por este motivo, algunas ciudades han resuelto priorizar su utilización frente al transporte colectivo y los coches particulares. Ver más Ver descripción completa
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