Ciudad del Deseo: Escala humana en la ciudad bajo una óptica feminista, transversal y política

Observar la realidad de nuestro entorno construido nos permite reconocer que hay identidades que los modelos y escalas existentes no representan. Estas voces, no casualmente, han sido las grandes ausentes en los procesos de planeamiento y construcción de las ciudades y su arquitectura. Sus deseos y maneras de ser y habitar en el mundo han quedado excluidos e invisibilizados. Esto nos hace repensar ¿Qué voces están habilitadas en los debates sobre lo urbano y para quienes diseñan la ciudad?

Valorar y visibilizar las experiencias múltiples y diversas de las mujeres y las disidencias en el uso de las ciudades y sus espacios nos permitirá, sin duda, generar nuevas incógnitas que influirán en la toma de decisiones a la hora de planificar nuestros entornos. Como afirma Zaida Muxí en Mujeres, Casas y Ciudades, “de diferentes realidades vividas se obtienen diferentes experiencias, por lo tanto, diferentes datos de partida para abordar la resolución técnica de cualquier proyecto. (…) Reconocer estas diferencias no significa reafirmar la desigualdad sino, reconocer que diferentes experiencias conllevan diferentes maneras de conocer y ser en el mundo, y se ha de aprender a otorgar igual valor a las diferencias.”

¿Es posible diseñar territorios colectivos donde todas las voces y deseos tengan lugar? ¿Cuál es el aporte de una perspectiva feminista en esta problemática?

Desde Ciudad del Deseo, una colectiva multidisciplinar que busca reflexionar en torno a los territorios, los cuerpos y las subjetividades, generando debates y nuevos diálogos sobre los espacios que ocupan mujeres y disidencias en contextos urbanos, nos cuentan cómo la clave está en pensar la escala humana y la ciudad bajo una óptica feminista, transversal y política, trabajando en conjunto con las comunidades para suplir sus necesidades y deseos:

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© Ciudad del Deseo

La escala humana se ha presentado como alternativa y oportunidad para pensar, diseñar y planificar ciudades ubicando la experiencia cotidiana de sus habitantes como categoría central de análisis. Sin embargo, desde algunos espacios en los que interpelamos al urbanismo con perspectiva de género, consideramos que es necesaria una advertencia sobre la noción de “escala humana”: el término apela a un sujeto genérico y neutral. Pero, ¿Qué es un sujeto genérico? ¿Existe una subjetividad “neutral”? Con nuestra crítica en clave feminista y disidente se trata de poner en discusión que la “escala humana”, como figura contenedora, invisibiliza por un lado las desigualdades de diversa índole como clase o género, a la vez que su “neutralidad” impide desarrollar una sensibilidad a las diferentes formas de experimentar, concebir, hacer y desear la ciudad.

En Ciudad del Deseo proponemos una mirada que cuestiona la neutralidad de estos modelos y propone ampliar las categorías y herramientas con las que son abordados los territorios. Con ese horizonte, implementamos otras cartografías que relevan todas las escalas en disputa: desde el cuerpo, la casa, el barrio, hasta la ciudad, trabajamos colectiva y multidisciplinariamente, con una mirada transversal y política con la que nos preguntamos: ¿Qué aporta la perspectiva feminista al urbanismo?

El modelo moderno

Las ciudades modernas fueron pensadas desde una perspectiva patriarcal, que pone en el centro los intereses y necesidades de un Hombre moderno, sano y productivo. Este modelo idealizado se espeja en la escala del Modulor: un varón cis-hetero-normado, blanco y con una corporalidad hegemónica que responde, como otro engranaje, a las maquinarias del habitar o el trabajar en las que se organizan las ciudades normalizadas por el espíritu de la modernidad.

Si observamos la ciudad, vemos que está construida según las exigencias de la productividad, el mercado y la racionalidad capitalista, en la que se encuentran asignados lugares, actividades, roles y poderes de acuerdo a una persistente división sexual del trabajo. Esta urbanidad moderna, pensada por y para ciertos varones, está repleta de muros y fronteras, es rígida, impermeable y presenta una marcada segregación socio-espacial. Así responden entonces espacios como las autopistas y otras estructuras de movilidad, hechas para ir únicamente de la casa al trabajo, favoreciendo que el automóvil colonizara el espacio público, los lugares de ocio se privaticen, y las centralidades se destinaran a actividades financieras o a la especulación inmobiliaria. La contracara complementaria de este proceso es que los márgenes son ocupados por personas crecientemente precarizadas, cuerpos que no responden a los modelos deseados y resisten hasta que son expulsados de los límites urbanos.

Al modelo patriarcal de concepción de la vida y planificación urbana lo interpelamos con miradas feministas y aportes antipatriarcales, anticolonialistas, diversas perspectivas que proponen otras centralidades y preguntas: ¿Cómo viven, realmente, las personas? ¿Qué necesitamos, qué deseamos? ¿Cómo nos desplazamos y de qué manera queremos habitar? También implica reconocer que hubo y hay voces ausentes, personas e identidades que los modelos y escalas existentes no representan. Las ciudades de diseño excluyente nos llevan a pensar nuevas formas de diseñar, pero también a disputar los espacios de decisión: ¿Quiénes y para quienes diseñan la ciudad? ¿Qué voces están habilitadas en los debates sobre lo urbano?

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Mapeo colectivo realizado por “Ciudad del Deseo” en el marco de la marcha 8M 2019. La intervención consistió en mapear, junto a quienes pasaban por esa zona, situando los lugares bajo las consignas: “¿Dónde soy libre?” y ”¿Donde soy valiente?”. Image © Ciudad del Deseo

La ciudad feminista: Algunas pistas para empezar

¿Qué entendemos como urbanismo feminista en nuestro contexto latinoamericano? ¿Cómo sería una ciudad feminista?

La ciudad feminista pone en el centro la vida, los deseos y los cuidados de la comunidad, aquello que la ciudad -tal como la pensaron hasta ahora- ha excluido o para lo cual se han brindado soluciones precarias. También pone sobre el tablero lo invisibilizado, al evidenciar que las categorías se presentan normalmente en clave de dicotomías: lo público/lo privado, lo productivo/lo reproductivo, empleando un enunciado siempre binario en vez de abrazar la complejidad y diversidad de la experiencia humana.

En ese sentido, proponemos entre otras cosas recuperar la evidencia que demuestra la desigual distribución de las tareas de cuidado, las que problematizamos como uno de los principales nodos de las desigualdades de género, especialmente en el análisis sobre lo productivo y su reflejo en lo urbano. Este problema que a veces se considera doméstico y privado es en verdad colectivo y público, ya que la sociedad no se sostiene sin esas tareas fundamentales para las cuales también se deben pensar las infraestructuras, equipamientos y servicios. A la vez, es un debate situado: los cuidados no son los mismos en todas las regiones. Por eso invitamos a hacer espacio para preguntar por los territorios donde realizamos estas tareas, especialmente en contextos urbanos y latinoamericanos: ¿Cuáles son las dimensiones espaciales de las categorías problematizadas? ¿Cómo están ancladas al territorio las tareas de cuidado y los deseos? Las prácticas, aprendizajes, relaciones y economías del cuidado se arraigan en espacios con características y dinámicas específicas, que contribuyen o restringen la posibilidad de llevarlas a cabo. Estas localizaciones del cuidado impactan en los modos de pensar, ejercer y defender nuestra autonomía física, política y económica, no solo de las personas cuidadoras (en su enorme mayoría mujeres y disidencias) sino también de las personas que cuidamos.

La discusión, empero, no es nueva. Los feminismos vienen discutiendo y luchando por una distribución más igualitaria en la organización de estas tareas. Lo que se plantea no es tanto cómo alivianar la carga del trabajo no remunerado, sino hacer temblar esa estructura de distribución desigual. El lente interseccional con el que miran los feminismos también nos indica que la desigualdad se agudiza en las personas atravesadas por diversas condiciones de opresión de acuerdo a los momentos y lugares en los que se inscriben.

Las evidencias están cerca y abundan: las distintas experiencias de movilidad son un problema al que la planificación urbana hegemónica no ha respondido aún. Quienes cuidan y realizan  tareas por fuera de lo que el sistema productivo considera útil en la ciudad (el trabajo asalariado), tienen recorridos que no se inscriben en vector ida/vuelta al trabajo que realizan en promedio los varones adultos. Este problema se agrava cuando las ciudades centralizan sus servicios, equipamientos y espacios públicos, cuando confluyen el sistema de transporte, la distribución de escuelas y jardines, residencias de adultos, centros de salud y hospitales, parques y plazas. El resultado de no distribuir estos espacios son ciudades sumamente centralizadas, en donde los ámbitos administrativos, financieros y laborales se encuentran ubicados en una misma área, separados de los espacios y equipamientos de cuidados, enredados en una trama de servicios de movilidad fuertemente confluyentes. Compatibilizar las actividades productivas (trabajo, estudio) con las reproductivas (tareas domésticas y de cuidado) se vuelve un acertijo inviable, el uso del tiempo refuerza la asignación de roles tradicionales y dificulta la posibilidad de distribuir las tareas de manera equilibrada, aún cuando exista la intención.

Por estos, entre otros motivos, creemos que al momento de pensar la planificación y de hacer ciudad es indispensable poner énfasis en la transversalización de la perspectiva de género en las diferentes escalas del territorio en disputa, desde el cuerpo a la ciudad.

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Mapeo corporal participativo realizado durante el festejo de Aniversario de la colectiva, Febrero 2019. Realizamos un mapeo del impacto del cuidado en el territorio y en el cuerpo. En esta imagen mostramos el resultado del “mapeo del cuidado” en el cuerpo.. Image © Ciudad del Deseo

¿Otros urbanismos?

Como estrategia y para ampliar los aportes, desde Ciudad del Deseo también nos replanteamos las herramientas que empleamos a la hora de hablar de ciudad/es. Nuestra intención es cuestionar que los discursos sobre la ciudad y lo urbano sean hegemonía de la arquitectura como el saber excluyente sobre esta temática. Consideramos enriquecedor el debate multidisciplinar y colectivo.

Además, los espacios de toma de decisión deben abrirse a la diversidad de personas que puedan asumir estas responsabilidades. Los techos de cristal en los trayectos profesionales se consolidan especialmente en algunas profesiones: aquellas vinculadas a la obra pública, el transporte, diseño y el territorio son conocidas por ser espacios particularmente machistas. Es trabajo de todas las personas que llevan adelante el oficio de hacer ciudad cuestionar las instituciones, grupos profesionales, concursos, oficinas y estudios en los que se perpetúe una planificación que no prioriza diversificar su punto de vista y metodologías. Hay vasta experiencia de esto en América Latina, pero también hay mucho por hacer.

Si bien no existe un decálogo para una ciudad feminista, y su configuración es siempre situada, hay algunos consensos que compartimos en vías de ampliar el debate: la construcción de equipamientos de proximidad en los barrios (servicios a distancias caminables), el diseño de un sistema de transporte que contemple la multiplicidad de viajes de la doble jornada y garantizar la accesibilidad física para quienes cuidan y son cuidadxs. Pero especialmente, pensar una ciudad bajo la óptica feminista también significa trabajar en conjunto con la comunidad, sobre sus necesidades y deseos. La ciudad feminista no es unívoca ni podrá ser el producto de un manual de buenas prácticas. La ciudad feminista es el resultado de un proceso de acuerdos situados en el territorio, donde la amplitud de voces y modos de vida hallen un lugar para poder vivir y difrutar, en el diseño de territorios colectivos donde tengan cobijo las voces y deseos de comunidades que se reconocen diversas.

Ciudad del Deseo es una colectiva que reúne a un grupo de personas con diversas trayectorias profesionales y militantes en busca de reflexionar en torno a los territorios, los cuerpos y las subjetividades desde una perspectiva feminista. Busca generar debates y nuevos diálogos en torno a los espacios que ocupan mujeres y disidencias en contextos urbanos con el fin de construir nuevos modos de devenir. Puedes conocer más sobre sus investigaciones, acciones y trabajos ingresando a su sitio web o a través de sus redes sociales.

En un marco de efervescencia transfeminista que estalla cada uno de los ámbitos de la vida, la ciudad -como construcción social- no puede quedar afuera de esta pelea. Hoy, Ciudad del Deseo es un espacio/plataforma de acción múltiple que impulsa una amplia batería de proyectos, como intervenciones en el espacio público, instancias de formación y reflexión sobre la forma que asume la ciudad desde un enfoque feminista, mapeos colaborativos sobre usos y experiencias urbanas, entre otras actividades.

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Sobre este autor/a
Cita: Belén Maiztegui. "Ciudad del Deseo: Escala humana en la ciudad bajo una óptica feminista, transversal y política" 28 oct 2020. ArchDaily México. Accedido el . <https://www.archdaily.mx/mx/950347/ciudad-del-deseo-escala-humana-en-la-ciudad-bajo-una-optica-feminista-transversal-y-politica> ISSN 0719-8914

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