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Con una gran carga simbólica, la arquitectura religiosa se ha caracterizado históricamente por la riqueza de sus espacios interiores. La escala, la materialidad y principalmente la luz fueron herramientas de la que muchos arquitectos y diseñadores se valieron para recrear ciertas atmósferas que enriquecieran los sectores de oración, conduciendo a los fieles hacia una experiencia sagrada a través del espacio. Ya sean iglesias, mezquitas, sinagogas, templos o capillas, este tipo de arquitectura, aunque siguiendo ciertos patrones históricos, también supo verse influenciada por los sucesivos estilos arquitectónicos que caracterizaron a cada época de la historia. En estos términos, priorizando ciertos aspectos espirituales, los edificios religiosos pertenecientes al brutalismo -estilo del Movimiento Moderno que atravesó su época de auge entre las décadas de 1950 y 1970-, se caracterizan por su sinceridad constructiva, la geometría de sus formas y la aspereza de las superficies. El hormigón armado aparece como el material predilecto y las texturas generadas por los encofrados de madera rugosa, así como las incorrecciones del hormigón ya no se cubren con revoque o pintura, sino que se exponen e interactúan constantemente con la luz. Ver más Ver descripción completa
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