El rol de la rehabilitación patrimonial en la escena arquitectónica contemporánea se nutre de numerosas investigaciones, creencias, memorias y esfuerzos que buscan dar forma a nuestro entorno construido. Al momento de encarar una transformación, renovación o conservación arquitectónica, varias estrategias y herramientas pueden desplegarse para fomentar la convivencia entre lo existente y lo contemporáneo. En conjunto con tres prácticas de arquitectura con sede en Madrid, SOLAR, Pachón-Paredes y BA-RRO, nos propusimos conversar e indagar en sus procesos creativos e ideales, entendiendo la complejidad y el valor de los edificios del pasado como depósitos de materiales, estructuras y técnicas de otros tiempos.
La progresiva desindustrialización de las ciudades, ya sea por cambios en las normativas de protección ambiental -en términos de ruido y emisiones- o por el aumento del valor del suelo, ha provocado un sistemático desplazamiento de los edificios fabriles hacia la periferia de los conglomerados urbanos. Por este motivo, numerosas naves industriales han quedado vacías y obsoletas, perdiendo sus funciones originales. Por sus dimensiones, grandes luces, flexibilidad e indeterminación espacial, sin embargo, estos edificios suelen presentarse como espacios oportunos para llevar adelante refuncionalizaciones que permitan la incorporación de nuevos programas.
El ladrillo es uno de los materiales más populares para los arquitectos que diseñan con una estética vintage o rústica, haciendo que la arquitectura se sienta más cálida y acogedora si están bien utilizados. Sin embargo, el color y la forma del ladrillo pueden influir en gran medida en la atmósfera que emana, ya que el ladrillo blanco puede generar diseños más minimalistas y el ladrillo rojizo tiende a sentirse más rústico y terroso. En este artículo, exploraremos algunos de los colores más populares del ladrillo, además de maneras de colorearlo artificialmente y proyectos recientes que incorporan efectivamente los ladrillos en fachadas o interiores.
https://www.archdaily.mx/mx/944644/los-ladrillos-y-sus-coloresLilly Cao
Sin duda, lo estamos afrontando mal: esperamos a que la oficialidad se corrija, cuando ya ha demostrado su total carencia de interés en hacerlo. La vida inteligente debe estar, por tanto, en algún lugar ahí fuera. Es sorprendente observar cómo las ciudades, cada vez más, se construyen de forma completamente ajena a sus habitantes. Dos ejemplos muy sencillos: el 23 de mayo de 1981 se celebró el llamado ‘Concierto de Primavera’ en el campo de rugby de la Escuela de Arquitectura de Madrid. El 18 de mayo de 1985, cinco años más tarde, The Smiths tocaban en el Paseo de Camoens —el recital aún puede encontrarse fácilmente en YouTube— ante miles de personas. Puede que la cacareada Movida cupiese exactamente entre esas dos fechas.
Allí, en el Paseo de Camoens, se han multiplicado las estatuas de libertadores y prohombres de América del Sur y ha brotado un monumento a la Santísima Virgen. Nada queda ya del paso de la troupe de Marr y Morrissey, por supuesto, como tampoco recuerdo alguno en la Escuela de Arquitectura. Algunos se escudarían en lo banal de los hechos, evidentemente, para demostrar así que no han entendido nada de lo que sucedió entonces. El hecho de que el monumento no hable el lenguaje público no es, en modo alguno, ningún secreto, sino que desvela la coexistencia de dos discursos en paralelo: el popular y el institucional. Pero la monumentalidad contemporánea ya solo parece conmemorar hechos trágicos o, más frecuentemente, naftalínicos. Y en el fondo, ¿a quién le importa? Manuel Delgado ha afirmado, en alguna ocasión, la pertinencia de memoriales secretos, no oficiales, como es el caso de Abbey Road en Londres. Quienes lo suscriben, han cruzado (calzados) ese paso de cebra en un par de ocasiones. Que así se queden las cosas entonces. Pero sirva su enunciado como demostración, una vez más, de que la ciudad sabe buscarse la vida cuando toca, sin esperar a sus gobernantes.
“Madrid no tiene suerte” era el título de un escrito que Emilio Tuñón escribió hace ahora 21 años en la revista Arquitectura (nº 293). Se trataba de un artículo de opinión realmente breve. En esencia, Tuñón exponía cuatro argumentos que justificaban su título y enojo:
a) la desafortunada operación de los rascacielos gemelos de Plaza de Castilla, a cargo de Philip Johnson y John Burgee;
b) la inexplicable ampliación del estadio de fútbol Santiago Bernabeu;