Carla Luisa Escoffié Duarte

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Coinciliar el medio ambiente como vivienda: el caso de los chinamperos de Tlacoapa

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Uno de los grandes retos de nuestras ciudades hoy día es conciliar dos objetivos prioritarios que, por momentos, parecieran ser irreconciliables: reducir la desigualdad y atender los efectos del cambio climático. Por un lado, nuestro planeta está en un momento crítico en el cual ninguna acción debe desestimarse. El crecimiento urbano es siempre a costa de espacios verdes, razón por la cual debemos controlar nuestros asentamientos. Pero también es un hecho que existen normas ambientales que, además de no ser idóneas para cumplir con el fin que se proponen, generan efectos discriminatorios hacia los sectores más excluidos. Son a ellos a los que suele aplicárseles de manera más rigurosa los requisitos administrativos en materia ambiental, así como las sanciones por su incumplimiento. ¿Hay forma de salir de esta aparente dicotomía?

El derecho a la ciudad: de Lefebvre a la Constitución Mexicana

Contrario al imaginario popular, es imposible el divorcio entre el derecho y el urbanismo. Ambas disciplinas han servido como instrumento para instaurar las rampantes desigualdades en las que habitamos. Uno a través de la administración de la fuerza estatal, el otro a través de la acumulación del poder territorial. Pero en ambos también pueden encontrarse las claves para tener ciudades más equitativas. La única posibilidad de construir un verdadero derecho a la ciudad es a través de un diálogo interdisciplinario, sobre todo ahora que hay una propuesta de reforma para reconocer ese derecho en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Este artículo es una apuesta de espacio para escucharnos entre quienes nos dedicamos al derecho, la arquitectura y al urbanismo.