
-
Arquitectos: Guido Otero Arquitetura

Nicolás Valencia conversa en en el Centro Cultural FIESP de São Paulo con la artista brasileña Giselle Beiguelman sobre inteligencia artificial, data centers y golpistas a raíz de su libro Políticas da Imagen, su exposición Venenosas, Nocivas e Suspeitas y su investigación Domingo no Golpe.

Mirar el mundo desde las alturas es un deseo que atraviesa culturas y épocas — un impulso casi instintivo de buscar nuevos horizontes, ganar perspectiva y sentirse, por un momento, fuera del tiempo cotidiano. Las torres de observación materializan este deseo: erigidas en bosques, montañas, parques urbanos o paisajes costeros, invitan a la pausa, a la mirada atenta, al descubrimiento silencioso o lúdico del entorno. Son estructuras que ofrecen más que vistas; ofrecen experiencias. Al subir sus escalones o rampas, el cuerpo participa de un ritual de transición — del suelo al cielo.




Cada mes de junio, la ciudad española de Logroño se transforma en un espacio de diálogo arquitectónico, abriendo sus calles, plazas, riberas e islas de tráfico a estructuras temporales que redefinen cómo se habita en las ciudades. Durante diez ediciones, Concéntrico ha trabajado no como una feria especializada o una bienal de arquitectura, sino como un museo portátil — un gesto curatorial que lleva una colección dispersa de arquitectura contemporánea al espacio público. Ubicado en una ciudad suspendida entre llanuras áridas y montañas distantes, lejos de los circuitos de las capitales y las instituciones culturales, Concéntrico se presenta como una promesa temporal. Es un recordatorio de que incluso las ciudades que a menudo son pasadas por alto pueden albergar una arquitectura que es actual, diversa y especulativa. En este sentido, el festival trata menos sobre celebración y más sobre activación.
Pero más allá de su lógica curatorial, Concéntrico opera como una estructura política. En el sentido antiguo de polis, invita a ciudadanos, arquitectos e instituciones a reevaluar lo que puede ser el espacio público. Las intervenciones ofrecen propuestas especulativas para la vida urbana que revelan lo que falta, lo que es posible y lo que debería ser cuestionado. Una piscina temporal sobre una fuente, una casa de baños en una rotonda, o una comida compartida en una avenida principal no son solo gestos espaciales — son declaraciones políticas, preguntando cómo podría redirigirse la infraestructura urbana de control a cuidado, de eficiencia a encuentro. De esa manera, el festival se convierte no solo en un reflejo de la ciudad, sino en un instrumento para su transformación.


