
Frente al primer impulso de dejarse ver desde la autopista y de ser un actor principal en un entorno todavía sosegado, se opta por una elegante discreción. De esta manera el edificio se fragmenta para conseguir ser un camino hacía el mar y se hunde para amortiguar su impacto en el entorno, para hacerse una duna más.
Su cubierta se hace transitable y se producen de esa manera distintos escenarios escalonados y al aire libre que permiten llegar al restaurante desde el exterior situándose en una posición privilegiada en el conjunto del edificio y el entorno. El restaurante es, en definitiva, el lugar mas privilegiado del observatorio y la cubierta del edificio.






