
Tras la expansión de la mancha urbana en grandes ciudades latinoamericanas como Bogotá, es normal encontrar que los barrios, espacios y zonas dedicadas a ciertos usos sean distantes de si mismos. Si bien los centros históricos por lo general son núcleos de cultura y turismo, estos no dan abasto, y con la demanda y población crecientes se empiezan a abrir nuevos espacios dedicados.
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Algunos edificios son designados por administraciones para fomentar la cultura. El problema con esto es que suele suceder que dependen de la disponibilidad de predios y recursos, lo que genera que sean islas/hitos edificados. Pero estas no son las únicas situaciones. Las eventualidades más realistas generan las identidades de los barrios, las cuales no siempre son detonadas por algún hito, si no por lo contrario; barrios cómo el 7 de agosto en Bogotá, conocido por ser el lugar donde hay todo tipo de repuestos automotores y talleres adquiere su identidad por la suma aglomerada de cada local o espacio con usos parecidos hasta inundar el espacio público de la vida latente que identifica el barrio.
















