
Copenhague y Barcelona serán las próximas capitales mundiales de la arquitectura en 2023 y 2026. Habiendo surgido junto al agua, el Mar Báltico y el Mediterráneo, se enfrentan en la actualidad a los desafíos de la emergencia climática.
Los espacios tradicionalmente ocupados por actividades industriales han sido objeto de proyectos de regeneración urbana desde la década de 1990, modificando no solo la forma y funciones locales sino también la imagen y fisonomía de la ciudad misma. Estos espacios transformados son como un espejo donde se refleja fielmente la imagen de la ciudad y la cultura urbana del presente. Como dice el geógrafo Francesc Muñoz, “constituyen territorios de prueba donde se manifiestan los retos urbanos del futuro. Pocos espacios de la ciudad están, en este sentido, tan sobreexpuestos a los tres principales riesgos urbanos que actualmente destacan en las agendas de las ciudades europeas: por un lado, la simplificación y banalización urbana provocada por la hiperespecialización en consumos y usos turísticos ; por otro lado, las tendencias de exclusión social que fenómenos como la gentrificación ilustran claramente; y por último, los efectos del cambio climático que ya se están constatando de forma especialmente sensible al límite urbano en contacto directo con cuerpos de agua”.
