Las autoridades de Los Ángeles han votado a favor de una propuesta para implementar el primer Park Block, un proyecto piloto que crea una cuadrícula de calles sin autos para abrir espacio público para peatones y ciclistas, según informa NBC Los Ángeles. El plan se inspira en el programa Superblock de Barcelona, que crea grupos de nueve manzanas en el distrito de Eixample y restringe el tráfico a las calles exteriores, liberando el resto de las calles solo para peatones y transporte local. Implementado en 2016, el plan ha llevado a una reducción en los niveles de contaminación del aire, ruido urbano y fatalidades de tráfico. Ahora se planea un programa similar en Los Ángeles, Estados Unidos.
Existen momentos en que los arquitectos llevan el proceso de diseño más allá de su práctica y se involucran con los posibles usuarios como participantes del diseño. Esto expande el marco de diseño y hace que la contribución de los futuros usuarios sea clave para el desarrollo del proyecto. Al buscar el conocimiento, las habilidades y la toma de decisiones de un colectivo comunitario, el proyecto se adapta más a sus necesidades, se diseña mejor para encajar en su contexto local y se convierte en una plataforma para intercambiar técnicas y habilidades vernáculas. También crea un sentido general de pertenencia en las comunidades y otorga a los usuarios la autoridad para reclamar el entorno que los rodea.
El diseño participativo es un proceso que se puede aplicar a todas las escalas de la arquitectura, desde casas y oficinas hasta espacios públicos e intervenciones urbanas. Al examinar varios proyectos a través de la colaboración comunitaria con los arquitectos, obtenemos una comprensión más profunda del valor que tiene este proceso de diseño. Se desglosan los principios teóricos de colaboración, co-creación y empoderamiento participativo en ejemplos concretos y eventos pragmáticos. Estos proyectos ejemplifican las contribuciones de los usuarios al proceso de diseño, ya sea a través de la planificación espacial y urbana o de técnicas de construcción materiales y locales.
Panamá presentó su pabellón sobre “Historias bajo el agua” en la 18° Exposición Internacional de Arquitectura – La Biennale di Venezia. Comisariada por Aimée Lam Tunon y Jasper Zehetgruber, la exhibición exploró temas de división e integración, con un enfoque en tres áreas diferentes dentro de la antigua Zona del Canal de Panamá. Se trata de un análisis que aborda cuestiones de división e integración: Las estructuras y sistemas arquitectónicos divisivos; las identidades borradas de las comunidades sumergidas; y la isla de Barro Colorado, examinada críticamente y cuestionando las superposiciones entre las nociones de protección y control.
Al igual que los diseñadores de moda utilizan alfileres, agujas y textiles para dar vida a sus creaciones, los arquitectos dependen de los materiales para dar forma al entorno construido. Desde el acero y el vidrio hasta la madera y el concreto, estos forman la paleta artística que transforma los planos en estructuras tangibles, cerrando la brecha entre la imaginación y la realidad. Es tan simple, y a la vez tan complejo como eso. Con tantos materiales –en diversas formas, acabados, texturas y colores–, tomar las decisiones correctas para un proyecto puede ser bastante desafiante. Naturalmente, surgen varias preguntas: ¿Cómo navegan los arquitectos las infinitas opciones para dar vida a sus diseños? ¿En qué consiste el proceso de especificación de materiales? ¿Por dónde se empieza?
Yucatán es un estado ubicado en el sureste de México sobre lo que se conoce como la península de Yucatán, limitando geográficamente con el Golfo de México, Quintana Roo y Campeche. Dentro de este estado yacen 4 pueblos mágicos: Izamal, Maní, Sisal y Valladolid. La arquitectura de este lugar es una mezcla de influencias indígenas, hispánicas, mexicanas, francesas, italianas y estadounidenses.
En el centro de Manhattan, los cruces de calles que rodean la entrada al Túnel Lincoln solían ser algunos de los más desafiantes de la ciudad. Un desorden de rampas de autopista, aceras faltantes y barreras de concreto convertían la esquina de Dyer Avenue y la calle 30 en un área a evitar.
Ahora, con un nuevo conector elevado de $50 millones de dólares, los peatones pueden moverse de manera segura a 9 metros por encima de las intersecciones utilizando un puente en forma de L de 182 metros de largo desde el High Line hasta el Moynihan Train Hall.