
Cuando Ciudad de México fue la sede de los Juegos Olímpicos en 1968, fue la primera vez que los Juegos se otorgaron a un país de América Latina, así como la primera vez que una nación de habla hispana los organizaba. Esto los convirtió en una buena oportunidad para proyectar a México y su cultura internacionalmente, lo que llevó al gobierno a constituir un comité organizador con destacados talentos locales. Nombraron a Pedro Ramírez Vázquez como su presidente, un arquitecto mexicano que tuvo una influencia significativa sobre el programa de construcción del estado en la mitad del siglo. Su enfoque era explícito: la arquitectura como una síntesis de la técnica moderna internacional con referencias precolombinas y cultura material local. Bajo su dirección, el comité supervisaría la construcción y adaptación de las instalaciones distribuidas por los distritos del sur de la Ciudad de México, casi todas diseñadas y construidas por arquitectos, ingenieros y técnicos locales.

