
Una serie de factores sumados terminan en una problemática común: la pérdida de la identidad del pueblo de Antilhue, y su eventual muerte sin tener un recambio generacional que entienda el trabajo con la tierra como propio, y los sistemas de huertas y de patios, como una manera espontánea y única de habitar. Se entiende al pueblo como una serie de sistemas interconectados, casi interdependientes entre sí con algunos hitos que condicionan las circulaciones y macro-relaciones. La propuesta urbana radica en generar una ciudad amigable, recorrible de punta a punta, potenciando una vida sana y amigable con el entorno y medio ambiente mediante sistemas de parques y zonas de esparcimiento, transformando lo alguna vez negativo en el motor de cambio urbano del pueblo y el elemento que genere el nuevo tejido de parques y relaciones.






































