
El proyecto se concibe como un elemento singular en consonancia con el ondulado paisaje que lo rodea. Su figura se convierte en un hito del paisaje, una figura sobria y expresiva que es a la vez solución arquitectónica de los requisitos del programa: combinar la alta densidad asignada a la parcela con un máximo de zonas verdes y una mínima ocupación del suelo.
Mientras la parte suroeste del solar tiene un carácter puramente residencial, con bloques orientados norte–sur y zonas ajardinadas entre las que se insertan edificios dotacionales de uso vecinal, la parte noreste se concibe como una intervención propiamente urbana, donde las cuatro torres principales establecen un diálogo con el resto de la ciudad sobre un pódium de uso comercial. La fachada del conjunto combina un tratamiento doméstico y sobrio. Si los bloques residenciales enfatizan la disposición horizontal de sus forjados, -entre los que se dispone una piel permeable de lamas móviles-, las torres potencian su presencia vertical y monolítica con un despiece irregular de piedra y madera.












