
Desde hace algún tiempo se han instalado nuevas discusiones y temas de debate en el panorama chileno de arquitectura. El debate de ha centrado en movimientos ciudadanos, participación, preocupación por el patrimonio, el desarrollo inmobiliario o el rol del Estado en el desarrollo y promoción de la arquitectura pública. Lo anterior representa un avance fundamental en la complejización de tópicos a debatir y sobre todo a hacerse cargo, pero al mismo tiempo, ha generado una suerte de desprecio por aquellos proyectos, que por su condición, no responden a estos temas contingentes, como sería el desarrollo de segundas viviendas o infraestructuras en torno al turismo, por considerarse que benefician sólo a unos pocos.
La preocupación por temas de contingencia, hablan de una sociedad y arquitectos más maduros, que miran el panorama a mediano y largo plazo, entendiendo que un “buen nivel individual” debe ser capaz de traducirse en una buena calidad colectiva, que es la principal deuda de la arquitectura en Chile.
