
El hombre ha realizado desde los tiempos más remotos construcciones arquitectónicas para muy diversos fines y usos, adaptando su morfología y características tipológicas a esas necesidades, supeditando la estructura y la forma a la función que debían cumplir.
Sin embargo, también ha sido una constante la reutilización de esas construcciones en épocas posteriores para usos diferentes, lo que supuso destrucciones y modificaciones importantes que, en ocasiones, añadían y aportaban nuevos elementos, transformando el inmueble original en otra construcción híbrida, fruto de su devenir histórico, enriqueciéndolo en muchos casos y desvirtuándolo en otros.











