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En su etapa académica, Tristán se propuso amenizar la extensa carga horaria mediante la sátira de alumnos, profesores y el día a día de una rutina que de alguna manera inexplicable concluyó con el protagonista de esta historia: un estudiante promedio en la carrera de arquitectura.
Motivado por descontracturar la visión cerrada de los dogmas académicos y las complejidades de ser un estudiante de arquitectura, el pensamiento crítico se manifiestó con humor en el mundo del cómic, donde los edificios nunca colapsan.
