
Esta es la irónica historia de cómo la escultura hecha por Federico Assler para el goce cotidiano de los transeúntes, quedó oculta por más de 40 años y aún hoy sigue instalada detrás de una pandereta de construcción. Da la casualidad que cuando llegué a vivir a Santiago, unos amigos habían arrendado una oficina en calle Villavicencio, justo frente a la escultura de Assler. Lo increíble es que precisamente ese año, el 2014, ese espacio estuvo abierto al público. Pude pasearme por su obra y sentarme en ella, descubriendo su dinámica interactiva, semejante a una plaza de juegos. Y de paso, conocer su particular pasado.
Durante 1971, Salvador Allende arengó a un enorme grupo de trabajadores, muchos de ellos voluntarios, para construir su gran obra; el edificio que albergaría la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, más conocida como UNCTAD III por sus siglas en inglés. El gobierno consiguió levantar este edificio en sólo 275 días, periodo que quedó retratado en el documental “Escape de Gas” de Bruno Salas. En la foto, los tijerales del edificio.

