
La palabra comensalidad se refiere al acto de comer juntos, compartir una comida. Mucho más que una mera necesidad humana esencial, sentarse a la mesa es una práctica de comunión e intercambio. Un artículo de Cody C. Delistraty recopila algunos estudios sobre la importancia de comer juntos: los estudiantes que no comen regularmente con sus padres faltan más a la escuela; los niños que no cenan diariamente con la familia tienden a ser más obesos y los jóvenes de familias sin esta tradición acaban teniendo más problemas con las drogas y el alcohol, además de un peor rendimiento académico. Evidentemente, todas estas cuestiones planteadas son complejas y no deben reducirse a un solo factor. Pero tener un lugar adecuado para comer, libre de muchas distracciones, es un buen punto de partida para tener al menos un momento centrado en la conversación y la comida. Estamos hablando de los comedores. Aquí repasamos algunos proyectos para clasificar las formas más habituales de desplegar estos importantes muebles.
La idea de una habitación separada del resto de las habitaciones para comer es cada vez más rara en los hogares contemporáneos. Christine Baumgarthuber señala que los griegos fueron los primeros en reconocer que comer en un ambiente aislado y cómodo reforzaba el estatus y la cohesión de clase. Según el artículo 'No Place For Discontent': A History Of The Family Dinner In America, una de las primeras casas estadounidenses en tener una sala diseñada específicamente para cenar fue Thomas Jefferson, construida en 1772. Y el comedor, con la mesa en el centro, comenzó a incorporarse en hogares adinerados de todo el país, llegando eventualmente a la clase media y convirtiéndose en un mueble casi indispensable.






















