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Piscinas públicas como espacios públicos: El papel de la natación y el baño en las ciudades

Cuando uno piensa en espacios públicos, difícilmente se le viene a la mente una piscina. Los espacios públicos son el centro de la vida cívica, lugares donde la mayoría de las interacciones, actividades y comportamientos siguen estrictas normas sociales y culturales para garantizar la seguridad y comodidad de todos los usuarios. En contraste, nadar y bañarse representan algo más íntimo y primordial, una experiencia sensorial distinta a cualquier otra. Además de los beneficios para la salud, el acto de flotar en el espacio crea una ruptura con la vida cotidiana y sus limitaciones.

Como espacios sociales, los baños públicos y las piscinas ofrecen una experiencia aún más inusual. Aquí, las normas y reglas de conducta habituales ya no se aplican. La desnudez social se convierte en la nueva norma y, a medida que la gente se quita la ropa, también pierde sus marcadores de estatus, transformando la piscina en un oasis igualitario. A lo largo de la historia, estos espacios a menudo desacreditados ofrecieron una experiencia social intensificada, fomentando conexiones y aportando un nuevo elemento a los densos entornos urbanos. Como tipología presente desde la antigüedad, los baños públicos y las piscinas también han sido un espacio disputado, como manifestación de temas difíciles como la segregación de género y racial, la gentrificación y la vigilancia en contraste con la libertad que prometen.

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La evolución de los invernaderos: De la antigua Roma al Singapur contemporáneo

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Según Plinio, los doctores que atendían al emperador romano Tiberio le recetaron al mismo el consumo diario de un fruto de la familia de las Cucurbitaceae. Para cultivar frutos como el melón y pepino -pertenecientes a esta familia- durante todo el año en su isla natal de Capri, Tiberio dirigió la construcción de una gran obra: "[Hizo] erguir unas plataformas hechas de marcos sobre ruedas, por medio de las cuales los frutos eran desplazados y expuestos al pleno calor del sol; mientras que, en invierno, eran retirados, y puestos bajo la protección de marcos 'vidriados' con piedra”.