A través de Sudamérica, el confort ambiental se entiende no como una condición interior, sino como una que se moldea a través del espacio. En regiones marcadas por el calor, la humedad, la intensa luz solar y la variación estacional, la arquitectura ha confiado durante mucho tiempo en decisiones espaciales para moderar el clima y apoyar la vida diaria. El confort surge de cómo se abren, sombrean, ventilan y habitan los interiores a lo largo del tiempo.
En lugar de aislar los espacios interiores de su entorno, muchos proyectos contemporáneos en la región cultivan el confort a través de la profundidad, la porosidad y las zonas intermedias. La luz se filtra en lugar de maximizarse, el aire se guía a través de aberturas y vacíos alineados, y los umbrales se convierten en espacios activos de uso en lugar de bordes residuales. Estas estrategias no buscan un control ambiental uniforme, sino que producen interiores que permanecen templados, adaptables y estrechamente sintonizados con las cambiantes condiciones climáticas. En este contexto, el confort ambiental se vuelve inseparable de la experiencia espacial.
Vista aérea del Beta Building en Honduras. Imagen Cortesía de Taller ACÁ
Comprender el gradiente de temperatura en un edificio es esencial en climas fríos o templados, donde se utilizan cerramientos herméticos y aislamiento continuo para prevenir la pérdida de calor. Sin embargo, este enfoque no es adecuado para áreas tropicales como América Central, donde el clima se caracteriza por una alternancia constante entre temporadas húmedas y secas en lugar de cuatro distintas. Factores como la proximidad al mar, la elevación y la topografía local influyen en los microclimas a lo largo de distancias cortas, pero la alta humedad sigue siendo un desafío común. Las paredes selladas, herméticas y sin ventilación pueden convertirse rápidamente en criaderos de moho, lo que hace que las estrategias térmicas convencionales sean problemáticas. En respuesta, los diseñadores locales han desarrollado enfoques alternativos que abrazan, en lugar de resistir, el entorno exterior, permitiendo el flujo de aire y la evaporación para gestionar el confort interior.
Los entornos húmedos presentan algunos de los desafíos más complejos en el diseño arquitectónico. Desde la temporada de monzones tropicales del sudeste asiático hasta el calor ecuatorial de África Central, estos entornos exigen soluciones que consideren la intensa humedad, las altas temperaturas y la constante lucha contra el moho, la descomposición y el estancamiento. Sin embargo, durante siglos, las comunidades en estas regiones han desarrollado técnicas arquitectónicas que no luchan contra la humedad, sino que trabajan con ella, aprovechando materiales locales, diseño sensible al clima y técnicas de enfriamiento pasivo para crear espacios sostenibles y habitables. Al considerar la atmósfera como un fenómeno sensorial y climático, los arquitectos y arquitectas crearán espacios que no solo son evocadores, sino también responsivos, adaptativos y sostenibles.
El papel principal de la arquitectura es crear estructuras que nos protejan del medio ambiente y, a su vez, espacios seguros y cómodos para todo tipo de necesidades y actividades. Al proporcionar refugio, la arquitectura también moldea la forma en que las personas interactúan con su entorno. Sin embargo, las tecnologías de construcción del pasado rara vez lograron crear una separación completa entre nosotros y el mundo exterior.
Si bien la impermeabilidad era un resultado deseado, los materiales de construcción porosos disponibles siempre permitían que algo de agua, viento o partículas externas se filtraran a los espacios interiores. Por el contrario, las tecnologías modernas ahora permiten envolventes de edificios casi completamente impermeables, generando una separación completa entre el interior y el exterior, y confiando así en sistemas de ingeniería para regular la temperatura, el flujo de aire o la humedad. Este artículo explora las diferencias entre estos dos enfoques contrastantes, indagando cómo se equipan las fachadas de los edificios para regular el confort interior y su impacto ambiental.
MVRDV, en colaboración con la UAD, ha sido seleccionado como ganador del concurso para diseñar una nueva biblioteca para Wuhan, a punto de convertirse en una de las bibliotecas más grandes de China. El proyecto a gran escala crea diversos ambientes de estudio y ofrece espacios de estudio y lectura al mismo tiempo que se conecta con su entorno a través de tres grandes aberturas que muestran la vida dentro de los edificios para invitar a los visitantes a entrar. Con una extensión de más de 140 000 metros cuadrados, el edificio distintivo adapta su volumen para reflejar su posición en la confluencia de dos ríos principales en Wuhan y convertirse en un hito reconocible para la ciudad.
Los espacios verdes urbanos se consideran una de las formas más adecuadas y accesibles de mitigar los efectos del aumento de las temperaturas en los entornos urbanos. A medida que el clima global se calienta, las ciudades de todo el mundo se enfrentan a olas de calor más frecuentes y extremas, poniendo en riesgo a sus ciudadanos. Muchas ciudades están empleando estrategias para reducir el impacto de las islas de calor urbanas, que se generan cuando la cubierta natural del suelo se sustituye por superficies que absorben y retienen el calor, como las aceras y los edificios. Esto hace que la temperatura aumente varios grados en comparación con el entorno. Las ciudades tienen su microclima, influenciado por este fenómeno combinado con una serie de factores que a menudo se pasan por alto. Para que una estrategia climática sea eficaz, hay que tener en cuenta todos los factores.
Cortesía de Museo Cooperativo de la ciudad de Eldorado
El contexto global de crisis energética y ecológica ha hecho que, desde hace varios años, estos temas se empiecen a hacer eco en varias disciplinas. La arquitectura no ha quedado al margen de ello. Es entonces cuando aparece el interrogante acerca de qué aportan nuestros edificios para contribuir en la mitigación de estos problemas. En este contexto, invadieron la escena global de producción arquitectónica edificios que atienden al problema con una alta dependencia tecnológica. Con el objetivo de atender los problemas del ambiente hay quienes olvidaron que la arquitectura puede asumirlos en una respuesta sintética, a través del entendimiento del lugar y la manipulación de la forma, la materia y la energía.
Mientras que parte de la sensación de confort y bienestar en un ambiente interno está relacionada con factores externos a la edificación, como la iluminación y ventilación natural, otra parte está directamente asociada con la distribución espacial interna y las sensaciones provocadas en los habitantes de dicho espacio a través de la arquitectura.
Conciliar todos los factores que aportan un mayor confort y bienestar en los espacios interiores es siempre un reto en un proyecto arquitectónico, especialmente en ambientes con áreas pequeñas, donde el espacio debe aprovecharse al máximo y no siempre existe la posibilidad de prever grandes aperturas en el exterior o ni siquiera para albergar todas las funciones del programa de forma convencional.
“Antes de la era de los combustibles fósiles baratos, durante la cual se generalizaron los medios modernos de calefacción y aire climatizado, las edificaciones tradicionales prestaban enorme atención a los elementos climáticos locales. Después de la reciente crisis energética, se advierte un nuevo interés por las técnicas que permiten economizar energía y, en particular, por las técnicas naturales.”[1]
Sintéticamente, podría decirse que la arquitectura bioclimática es aquella que incorpora, desde las primeras etapas de diseño, estrategias y recursos que permiten aprovechar las condiciones favorables del clima y del medio natural, ofreciendo, al mismo tiempo, protección contra los impactos desfavorables del ambiente externo. De esta manera, esta arquitectura no solo permite generar mejores condiciones de confort interior, sino que también colabora en la minimización del impacto energético del edificio, diferenciándose de los enfoques convencionales, donde el control de las condiciones interiores depende de sistemas de acondicionamiento artificiales para ventilación, calefacción y refrigeración. El diseño bioclimático, entonces, logra una optimización de los recursos principalmente por medio de la morfología, la orientación, los materiales, la configuración, los colores y otras variables de diseño.
Cuando se habla de arquitectura bioclimática, principalmente se hace referencia a las prácticas que buscan reducir los consumos de energía y el impacto ambiental de los edificios, ya sea durante su construcción –utilizando, por ejemplo, materiales que disminuyan la huella de carbono o incorporando procesos responsables y adecuados al sitio donde se implantan- o durante suvida útil. Esta combinación de elementos, da como resultado arquitecturas pasivas que aspiran a lograr una reducción en el consumo de energía a largo plazo –ya sea complementando ciertos sistemas mecánicos de ventilación, calefacción y enfriamiento con otros medios pasivos o utilizando en su totalidad sistemas alternativos- mediante la adecuación del diseño, su geometría y su orientación, al relieve, el clima, la vegetación natural, el asoleamiento y la dirección de los vientos predominantes del territorio donde se emplazan.
En ciudades como Hanoi y Saigón, en Vietnam, no es extraño si estás caminando por la calle y ves casas con fachadas sorprendentemente estrechas en contraste con el apilamiento de tres a cinco pisos, con aberturas de ventilación y luz natural solo en la fachada frontal. Estas son las conocidas Tube Houses (Casas Tubo). Tradicionalmente, según relatos de la antigua cultura popular, este modelo habitacional tenía tal configuración a favor de calcular los impuestos en función del área de la fachada, pero la verdadera razón es el mejor aprovechamiento del suelo, permitiendo un mayor número de lotes. en el mismo bloque.
Sin embargo, los restos del pasado ahora se reinterpretan a través de proyectos desarrollados por arquitectos vietnamitas contemporáneos. Las fachadas arcaicas dan paso a soluciones innovadoras; también reciben un pozo de luz para iluminación y ventilación natural; patios y jardines interiores; incorporación de vegetación en diferentes ambientes; medios niveles, etc; habilitando proyectos con espacios de la más alta calidad. Con eso en mente, hemos armado un conjunto de 15 proyectos de Casas Tubo acompañados de sus respectivos cortes que seguro les sorprenderán. Exploren a continuación:
Ubicándose en la región central de América del Sur, Paraguay posee una gran variedad de condiciones geográficas, con paisajes y recursos diversos. En líneas generales, el territorio está enmarcado en una zona de alta humedad y temperaturas cálidas, las cuales predominan durante todo el año, con veranos calurosos y lluviosos e inviernos suaves. Bajo estas condiciones, la refrigeración de los espacios interiores adquiere una gran relevancia y los sistemas pasivos de ventilación son especialmente tenidos en cuenta durante las primeras etapas de proyecto.
El gráfico muestra algunas de las primeras estrategias detalladas "Arquitectura moderna y clima: El diseño antes del aire acondicionado" por Daniel A. Barber. Imagen cortesía de Princeton University Press
Es difícil no pensar en el aire acondicionado como un aliado inseparable de la arquitectura moderna, simplemente porque estamos rodeados por tantos edificios que apoyan esta premisa que solemos olvidarnos de los diseños y experimentos que antecedieron a la popularización de este artefacto. Un valioso recordatorio de que, en el período moderno, esto no siempre fue así, es el libro del profesor de arquitectura de la Universidad de Pennsylvania Daniel A. Barber. En “Modern Architecture and Climate: Design Before Air Conditioning” (Arquitectura moderna y clima: El diseño antes del aire acondicionado), Barber esboza la historia de los primeros, ya menudo olvidados, experimentos en materia de control climático.
Nada es más racional que usar el viento, un recurso natural, gratuito, renovable y saludable, para mejorar la comodidad térmica de nuestros proyectos. La conciencia de la finitud de los recursos y la demanda de la reducción en el consumo de energía ha eliminado los sistemas de aire acondicionado como el protagonista de cualquier proyecto. Los arquitectos e ingenieros están recurriendo a este sistema más pasivo para mejorar el confort térmico. Es evidente que existen climas extremos en los que no hay escapatoria, o bien el uso de sistemas artificiales, pero en una gran parte de la superficie terrestre es posible proporcionar un agradable flujo de aire a través de los ambientes mediante sistemas pasivos, especialmente si las acciones se consideran durante la etapa del proyecto.
Este es un tema muy complejo, pero hemos abordado algunos de los conceptos que los ejemplifican con proyectos construidos. Una serie de sistemas de ventilación pueden ayudar en los proyectos: ventilación cruzada natural, ventilación natural inducida, efecto chimenea y enfriamiento por evaporación, lo que combinado con el uso correcto de elementos constructivos permite mejorar el confort térmico y disminuir el consumo de energía.
El policarbonato, comúnmente utilizado en techumbres y revestimientos industriales, ha trascendido su aplicación inicial para convertirse en un material muy presente en una variedad de tipologías arquitectónicas. Su combinación de resistencia, liviandad, fácil instalación y capacidad para permitir el paso de luz natural lo han posicionado como una opción atractiva en proyectos de arquitectura residencial, educativa e incluso cultural. En viviendas, el policarbonato no solo contribuye a crear ambientes luminosos y confortables, sino que también permite jugar con la translucidez para generar espacios privados sin sacrificar la conexión visual con el exterior.
Son muchas las ventajas de incorporar patios interiores en proyectos residenciales, tanto en contextos urbanos como en entornos más naturales. En ambos casos, son una pieza clave para mejorar la calidad del espacio interior del hogar de diversas maneras. Ya sea en forma de claustro central, como patios laterales, o mediante losas caladas e incorporación de lucarnas, estos espacios desempeñan un papel vital en la creación de un entorno de vida armonioso, ofreciendo beneficios que van desde la regulación de la temperatura interior hasta la mejora de las interacciones sociales y el fomento de una conexión estrecha con la naturaleza.