
Mucho hemos hablado en esta página de la relación que existe entre arquitectura y poder. La prestigiosa revista Volumen le ha dedicado dos números al tema, la chilena 110 en su nº6 se enfocó en el poder y la política, Koolhaas figura en todas las listas de líderes del útimo tiempo, Aravena relaciona los temas centrándose en la equidad… y la lista sigue creciendo.
Pero no fueron los arquitectos los primeros en darse cuenta de esto (y las múltiples maneras de relacionar arquitectura y poder). Ejemplos en la historia de la humanidad hay muchos. Las dictaduras del siglo XX así lo entendieron. Es conocida la fe incondicional que tenía Mussolini en el poder celebrativo de la arquitectura por lo que en 1935 tomó la decisión de conmemorar el vigésimo aniversario de la era fascista con una Exposición Universal que tendría lugar en Roma en 1942. Para la ociasión se realiza un plan urbanística, el E42, que buscaba ordenar las 400 hectáreas de campo en el eje Roma-mar. Es en este contexto, y dentro de un plan que en su primera versión buscaba crear una idea de ciudad funcional y moderna inspirada en el triunfo tecnológico que caracterizaba a toda la Exposición; que Giovanni Guerrini junto a Bruno La Padula, Carlo Romano y Pier Luigi Nervi diseñan el Palazzo della Civiltà. El lenguaje retórico y el monumentalismo de la obra lleva cualquier traducción de las fuentes históricas a una abstracción y pureza producida por el cubo, el cuadrado y la repetición del arco de medio punto. Un par de años antes(1932), en Como, Terragni diseñó la Casa del Fascio realizando, según Diane Ghirardo, una relectura del palacio comunal de origen tardomedieval. Donde sí hay concenso es que la matriz compositiva viene del palacio renacentista italiano. Aquí nuevamente la abstracción y el ritmo son elegidos como el camino para unir tradición y modernidad.
¿Y esto tiene algo que ver con Berlusconi?…Sí.
