Siete lecciones sobre ganarse la confianza de la comunidad en diseño participativo

Siguiendo nuestra cobertura de Espacios de Paz 2015 en Venezuela, les presentamos una serie de reflexiones en torno a los desafíos que representa el trabajo con la comunidad cuando hablamos de diseño participativo, sobre todo cuando las generaciones más jóvenes de arquitectos latinoamericanos comienzan a mostrar interés y dedicación por este tipo de metodología.

Durante una semana, recorrimos los proyectos en construcción de Espacios de Paz en Caracas, Barquisimeto, San Carlos, Cumaná y La Guaira: todos localizados en barrios socialmente frágiles y comunidades desconfiadas de intervenciones de este tipo por promesas anteriores jamás cumplidas. Por lo mismo, aprovechamos esta oportunidad para reflexionar y conversar con arquitectos y vecinos, intentando dar con la respuesta a una de las preguntas fundamentales tras la fotografía del final feliz: ¿cómo se gana realmente la confianza al trabajar con comunidades?

Conoce las lecciones después del salto.

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Espacios de Paz 2014 en Pinto Salinas, desarrollado por Oficina Lúdica y PKMN. Image Cortesía de PICO Estudio

En nuestra primera noche en Venezuela, recorremos Caracas en automóvil junto a Marcos Coronel, co-fundador de Pico Estudio. Son las siete y a pesar de marcar 25° a esta hora, poca es la gente se mueve por las calles del centro de la ciudad. La mayoría ya ha vuelto a casa, y los locales ya están cerrados, con las bolsas de basura en la vereda, a la espera del camión que las recoja.

Mientras maneja, con Marcos conversamos sobre las intervenciones de la primera edición de Espacios de Paz en 2014, una serie de cinco equipamientos comunitarios construidos durante cinco semanas consecutivas, en un proceso capitaneado por oficinas locales de arquitectura e invitados hispanoamericanos. Entre los casos del 2014, sale a colación el de Pinto Salinas, en donde trabajaron Oficina Lúdica (Venezuela) y PKMN (España), quienes trabajaron codo a codo en el diseño y ejecución de la obra junto a la comunidad. Aquello es el pie forzado de los proyectos de Espacios de Paz

"Vayamos a conocerlo", dice Coronel mientras gira el manubrio y decide salirse de la avenida Bolívar. "Si nos pasa algo, es el costo de arriesgarnos", agrega.

Pinto Salinas es uno de los barrios más peligrosos de Caracas, y puede encajar en el estereotipo de cualquier barrio marginal latinoamericano, donde la droga, la deserción escolar, la desesperación y la pobreza son las cruces que cargan sus vecinos. Ellos se resignan a vivir en este círculo vicioso donde la fuerza de los problemas parece muy fuerte como para llevarle la contra: armas, balazos, motonetas, bandas rivales y automóviles ostentosos. Con ese cóctel, el tráfico de drogas es la salida fácil (y falsa) de la pobreza.

Asimismo, y como sucede en toda zona en conflicto, en Pinto Salinas existen fronteras invisibles que nosotros -como invitados- ignoramos totalmente: personas no fotografiables, lugares intocables, pasajes de mala fama y una serie de códigos locales para hablar de lo innombrable. De hecho, no sabemos cuántas de esas fronteras estamos cruzando ahora mismo, mientras damos vueltas por el barrio en automóvil, en búsqueda de la obra mencionada por Coronel.

Finalmente bajamos por una calle ancha pero sin salida, y cuando cuatro chicos caminando por la vereda miran el automóvil en que nos desplazamos, Marcos baja al mismo tiempo la velocidad y los vidrios polarizados. "Chico, pórtate bien", dice a la calle. Los chicos fruncen el ceño para responder al atrevimiento, pero al reconocer a Marcos se ríen y chocan las manos. Todos se saludan.

1. La obra-escuela

Tal como resultó ser para Marcos y el coordinación del equipo de Pico Estudio, la confianza adquirida en los proyectos de la primera edición fue todo un aprendizaje para cada uno de los arquitectos, coordinadores y tutores involucrados. Se trataban de colectivos jóvenes de arquitectura enfrentados a intervenciones reales, en contextos vulnerables y contando con cierta resistencia de vecinos hastiados por el olvido, las promesas en vano y las redadas policiales.

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Espacios de Paz en Cumaná. Image © José Tomás Franco

Este año, 'El 70' fue la comunidad caraqueña que albergó uno de los cinco proyectos de Espacios de Paz. El 70 es tan pobre y violento como Pinto Salinas, pero se enclava en uno de los puntos más altos de Caracas y al que se sube en jeeps populares y mototaxis, a través de callejones estrechos que reptan hasta la cima del barrio. Eso sí, el acceso está permitido solo a sus vecinos. No pueden entrar otros caraqueños ni menos turistas, pero esta vez hicieron una excepción por Espacios de Paz.

En una construcción a medio levantar en la punta del barrio trabajaron las oficinas MAAN, Proyecto Colectivo y Grupo Talca (Chile) en una estrecha colaboración con la comunidad, quienes no solo tomaron decisiones conceptuales y programáticas, sino también recibieron una remuneración por trabajar en la obra. No es un obstáculo que la mayoría no tenga oficio, como señala Maximillian Nowotka (MAAN), pues "es una obra-escuela donde personas que no tienen ninguna experiencia en construcción, comienzan acá como ayudantes o brigadistas y hoy son maestros carpinteros".

Al trabajar en la obra, los trabajadores pueden optar a acreditarse oficialmente como especialistas en el oficio desempeñado. "Es parte de la metodología de cómo puedes involucrar a personas que están en el ocio y que se involucran en esta pequeña escuela", agrega Nowotka.

2. Malandras y panas

En la llanura venezolana, la oficina Entre Nos Atelier (Costa Rica) trabajó junto a los locales PGRC, Colectivo Independiente, Animal y Mano Alzada, reprogramando un estadio de fútbol-sala en completo abandono desde la celebración de los Juegos Deportivos Nacionales de Venezuela en 2003. El costarricense José Andrés Jiménez cree que la manera de ganarse la confianza es demostrar que arquitectos, trabajadores y vecinos son parte del mismo grupo. No se trata de jerarquías, sino de responsabilidades, pero transmitírselo a la comunidad es lo difícil.

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Espacios de Paz en La Guaira. Image © Nicolás Valencia

"La confianza se gana más bien con el trabajo de hormiga: todos tirar para el mismo lado, motivando siempre a los muchachos", señala Jiménez. "Eso sí, la comunicación es difícil y (hemos) necesitamos dos semanas para adaptarnos y entender esa jerga". Ese esfuerzo permitió su primera victoria personal. "Diría que casi el 50% de los brigadistas son los más malandras (peligrosos) de este lugar, pero ya todos nos saludan, son súper panas (amigos)", agrega.

Para graficar el estímulo que genera en la comunidad la metodología del proyecto, el arquitecto costaricense recuerda el caso de un joven que trabajó con ellos, a pesar de no tener ningún conocimiento sobre construcción. "El muchachito decía yo quiero esa oportunidad, yo quiero seguir chambeando (trabajando) acá, yo sé que en el pasado hice muchas cosas de las que inclusive me arrepiento".

3. La construcción es una excusa

José Naza Rodríguez, de la oficina PGRC, ha participado en las dos ediciones de Espacios de Paz. En la primera, participó en la construcción de La Ye Petare en Caracas, junto a las oficinas españolas PKMN y Todo por la praxis. Ahora, en cambio, coordinó el proyecto de San Carlos -La Techada- y señala:

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Espacios de Paz en Cumaná. Image © José Tomás Franco

La construcción física de un edificio o un espacio público es una excusa. Finalmente lo que queremos es crear ciudadanos. La comunidad no sólo es protagonista porque construye el edificio con los brigadistas, los jóvenes mal vistos o los que no tenían posibilidad de rescatarse, (sino porque) se vinculan en los procesos constructivos y arquitectónicos. Empiezan a debatir, a pensar cómo visualizar esos espacios, la escala y el color. Comienza una dinámica que es fundamental: entender que son responsables del cambio de su propia realidad.

De opinión similar, Guillermo León (Animal) cree que la comunidad tiene buenas intenciones con el espacio, pero falta un proceso de aprendizaje. "Hay que enseñarles a trabajar y a ocupar el espacio. Ése es una de las partes pedagógicas de este proceso. Mientras vean que uno tiene la preocupación, ellos mismos pueden involucrarse con el proyecto".

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El Mango Ilustrado: trabajo de ilustraciones con niños de la comunidad de San Carlos. Image © Nicolás Valencia

Conceptualizando al arquitecto como un ciudadano que ha desarrollado un conocimiento técnico, para el equipo de trabajo en San Carlos ha sido una oportunidad para "horizontalizar el saber" y transferir los conocimientos, pues no existiría un único flujo "de lo tradicional a lo popular", sino también en viceversa. El proceso de diseño participativo desarrollado acá busca entender a cada integrante como un ciudadano con habilidades y destrezas únicas, "creando un conocimiento común" producto de ese diálogo, en palabras de Rodríguez.

4. Manejando expectativas de la comunidad (y las propias)

No basta con entusiasmar y comprometer a la comunidad en el desarrollo de estos procesos, sino también evitar el otro extremo, manejando las expectativas. En el caso de Cumaná, los vecinos se mostraron particularmente desconfiados del proyecto, considerando las innumerables promesas políticas del pasado que aseguraban la hipotética reconversión de una cancha convertida en vertedero y punto de reunión para el tráfico de drogas.

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Espacios de Paz en Cumaná. Image © José Tomás Franco

La desconfianza se comenzó a despejar el mismo día que arribaron los primeros materiales en la explanada: tablas de madera, perfiles de acero y sacos de cemento. Los vecinos se motivaron y mostraron un excesivo entusiasmo, albergando expectativas que estaban totalmente fuera del alcance del presupuesto y del tiempo.

Entonces, la serenidad del equipo de arquitectos fue vital para manejar las esperanzas y poner los pies en la tierra. Gabriel Visconti de AGA Estudio Creativo afirma que es fundamental manejar las expectativas: "en un territorio donde la escasez es muy fuerte, hay una serie de ausencias y aprendizajes en la desesperanza, pues siempre hay desconfianza".

5. Asambleas, conflictos y encofrados perdidos

En Espacios de Paz, todo proyecto trabaja con las mismas reglas. No obstante, y aunque parezca obvio, las escalas, conflictos y dificultades que enfrenta cada lugar son distintas: si en San Carlos, el pie forzado fue trabajar con prototipos reciclados en un estadio abandonado, en La Guaira la preexistencia de una vivienda convertida en sede social y un barrio fragmentado en tres consejos vecinales generó especiales desconfianzas. "Transformar un espacio que funciona de una manera durante años y mostrar que se va a transformar lleva ciertos confrontaciones y conflictos", señala Martín Flugelmann de CAPA (Argentina).

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Espacios de Paz en Barquisimeto. Image © Nicolás Valencia

Flugelmann apeló a su bagaje de instancias de participación -aplicadas en Argentina- para establecer confianzas y dar a conocer las ventajas de la reprogramación de la sede social. "Desarrollamos mecanismos para producir consenso en los distintos participantes con maquetas que fueran comprensibles para la comunidad, para que pudieran entender cómo es el espacio y cómo se va a transformar". Además de maquetas y talleres de diálogo, replicó su experiencia previa con Nocturama junto a Julia Masvernat: "hacemos taller de sombras para trabajar el tema de la memoria y la identidad en relación a calados de papel y luz con niños y adultos. A través de la ficción y el relato construimos espacios donde la gente narra sus historias propias".

La fragmentación del conocimiento en un proyecto de esta envergadura, es decir, lo que cada uno sabe sobre la obra en relación a lo que a uno le compete, es también una desventaja. El arquitecto argentino da un ejemplo: tuvo problemas con el encofrado, el cual fue retirado antes de tiempo, pues desconocían su funcionamiento: "hicimos una asamblea y mostramos el proyecto a los transportistas, porque ellos veían (únicamente) la parte que tocaba sus intereses, pero no entendían la totalidad del proyecto ni cómo se iba a estructurar el espacio".

6. Cuidar el futuro

¿Qué ocurre cuando los arquitectos desaparecen, la prensa termina su cobertura, el gobierno celebra las intervenciones y nosotros dejamos de publicar reflexiones al respecto? Aunque suene un cliché, la comunidad debe empoderarse y tomar las riendas de la administración del recinto. Ése es el compromiso y si falla o es un éxito, es responsabilidad de ellos. "Nosotros podemos dejar las cosas hasta acá y olvidarnos del proyecto. No es nuestro, sino de ustedes", fue la advertencia de Gabriel Visconti en una de esas conversaciones que sostuvo en Cumaná, cuando un brigadista se resistió a seguir trabajando.

Asimismo, no basta con el entusiasmo inicial: "asumen el tema como algo laboral y ven una posibilidad de hacerse un dinero, pero luego vienen al espacio a regar una ramita. Generan un vínculo que traspasa lo laboral y lo circunstancial y pasa a ser un vinculo de amistad y camadería porque la construcción genera lazos", señala José Naza Rodríguez.

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Parte de la comunidad activa en Espacios de Paz en Cumaná. Image © José Tomás Franco

El compromiso fue adquirido rápidamente por quienes se involucraron tanto en su construcción como en sus etapas previas. Quedo claro al conversar con vecinos, brigadistas y maestros de los distintos espacios, tal como evidencia José Miguel Pérez, brigadista en San Carlos. "Vamos a estar cerca, protegiéndolo. No va a venir otro de afuera a echarlo a perder. Eso no, lo construimos nosotros y queda aquí, pasen los años que pasen. Siempre le vamos a prestar la seguridad, el apoyo y el cariño que se merece".

7. Que aprarezca el arquitecto... para que desaparezca

Después de nuestra experiencia en Caracas, con Marcos Coronel volvimos a conversar en La Guaira, a días de las respectivas inauguraciones. ¿Qué buscan? "La verdad es que Espacios de Paz es simplemente una referencia, una manera de hacer las cosas en un contexto muy particular como es el venezolano".

(Queremos) permear una metodología que permita ir pasando el testigo progresivamente, que cada vez este tipo de intervenciones y el tipo de conciencia generado en estos procesos dependan en menor medida de los profesionales que puedan trabajar, y que la comunidad cuente con todas las herramientas e instrumentos metodológicos para sacar adelante sus propios procesos de manera autónoma y autogestionada.

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Entrevista a Antonio Yemail en Espacios de Paz de Barquisimeto. Image © José Tomás Franco

Hasta ahora, la experiencia de Espacios de Paz en ocho ciudades de Venezuela ha dejado claro que para garantizar ese objetivo, ganarse la confianza de la comunidad resulta clave, tal como lo fue en Pinto Salinas.

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Espacios de Paz en Cumaná. Image © José Tomás Franco

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Sobre este autor/a
Cita: Nicolás Valencia. "Siete lecciones sobre ganarse la confianza de la comunidad en diseño participativo" 28 may 2015. ArchDaily México. Accedido el . <https://www.archdaily.mx/mx/767014/siete-lecciones-sobre-ganarse-la-confianza-de-la-comunidad-en-diseno-participativo> ISSN 0719-8914

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