
La decisión de enmarcar una película dentro de un marco temporal específico ha demostrado por lo general restarle de cierta seriedad y credibilidad ante el público de generaciones venideras, sobre todo dentro del cine de ciencia ficción y de futuros catastrofistas. Aunque “Escape from New York” no es la excepción de la regla, su referencia temporal caduca obtiene un nuevo valor, pues nos permite examinar el contexto histórico en la que fue producida y sobre los fantasmas sociales en los que encontró arraigo para su argumento.
La cinta adopta un futurismo negro, que similar a la distopía (y muchas veces término utilizado como sinónimo), se refiere a un futuro hipotético donde la humanidad atraviesa una realidad más oscura que brillante. Mientras que la distopía opta por un claro enfoque donde la mayor parte de los elementos que componen la sociedad están en desequilibrio, el futurismo negro es más un sentimiento generalizado de pesimismo, donde ciertos elementos ponen en tela de juicio el desarrollo de la humanidad.
La elección de esta atmósfera pesimista y sin esperanza, proviene en gran parte por la propia incertidumbre de la sociedad de la década de los 80's. En plena guerra fría y tras diversas crisis económicas, Estados Unidos experimentaba un gobierno cada vez más cínico y que buscaba a toda costa controlar la imagen de su país a toda costa. Ante el escándalo que resulto el caso Watergate, la imagen de un gobierno honesto se perdió y la sociedad se cuestionaba si aquello era el principio del colapso.
