En el muro de Trump, la arquitectura no tiene nada que hacer

Desde la asunción de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, la amenaza de levantar (en realidad, terminar) el muro definitivo que separará a México y Estados Unidos ha motivado a arquitectos y páginas de convocatorias a proponer la solución 'arquitectónica' para esta barrera.

Rosada o inspirada en la paleta cromática del desierto de Sonora. Con paneles solares o en acero. Estrictamente arquitectónica o tibiamente interdisciplinaria, cualquier propuesta de diseño es fútil. En realidad, plantearse el encargo es fútil. No se trata del muro, sino de una hipotética solución al siguiente diagnóstico: la inmigración, y en particular la mexicana, está dañando la sociedad estadounidense. Hay que volver a un momento indefinido de la historia en el cual Estados Unidos fue grande. Ese es el análisis de Trump, quien planteó recientemente en su primera reunión con Angela Merkel, canciller alemana, que "la inmigración es un privilegio, no un derecho".

Paso fronterizo México-Estados Unidos. Image © His Noodly Appendage [Flickr], bajo licencia CC BY-NC-ND 2.0

El muro (y su discusión) forma parte de algo mucho más grande: es el síntoma de un planeta que por enésima vez vuelve a chocar, a pesar del optimismo del fin de la historia pregonado por Francis Fukuyama y el liberalismo económico tras la caída del Muro de Berlín. Es un nuevo choque multipolar: los de abajo contra los de arriba; Occidente versus el Estado Islámico; socios del Acuerdo de París y negacionistas del cambio climático. Alguien, algún grupo o alguna fuerza económica (según sea su hipótesis) es culpable de la crisis, de la desigualdad, de la supuesta pérdida de valores.

No se trata del muro, sino de transformaciones sociales cocinadas en el mismo caldo con variados ingredientes: inmigración al primer mundo y dentro del Sur Global, concentración de la riqueza, economías colaborativas, millenials, cambio climático, post-verdad, automatización de empleos, Internet, monopolios tecnológicos, tensiones étnicas, mercado globales. No, la arquitectura no soluciona todos los problemas. La arquitectura es un reflejo de nuestra sociedad, claro, pero no soluciona todo. Creer que propuestas genuinamente reflexivas pueden cambiar el rumbo es ingenuo.

Los intentos del último tiempo por creer que la arquitectura es también política -que sí lo es, creo yo- han sido empujados al extremo de creer que también puede meterse, y ser la respuesta, en absolutamente todos los problemas de la Humanidad. Peor aún, que los resuelve sin necesidad de más actores o de análisis multidimensionales. Mientras escribía este texto, Anne Lacaton, cuya oficina (Lacaton & Vassal) podemos identificar como la punta de lanza de una arquitectura alternativa y capaz de operar a escala urbana, confesó en una reciente entrevista realizada por Anatxu Zabalbeascoa:

Un arquitecto no es un político ni un sociólogo. Como persona, claro que hay situaciones que te afectan: los refugiados, los suburbios. Pero la capacidad de intervenir y de modificar esas situaciones es política.

Helicóptero estadounidense vigila la frontera México-Estados Unidos cerca de Campo California. Image © qbac07 [Flickr], bajo licencia CC BY-NC 2.0

Si bien hemos visto una respuesta solidaria (pero tibia) del mundo de la arquitectura frente al populismo, el racismo y la xenofobia, en el caso del muro de Trump la arquitectura no es la respuesta, sino es el medio que utiliza el presidente (y el populismo xenofóbico) para responder sencillamente a una pregunta complejísima ante una sociedad confundida y un votante ávido por respuestas sencillas de masticar. Ante un futuro nebuloso, queremos respuestas claras y sencillas, pero sabemos que la física cuántica no cabe en un video de 30 segundos. No todo se puede sintetizar tanto como quisiéramos. Hay cosas que, por ejemplo, son complejas porque así lo son. En el caso del muro, ni siquiera es un tema de arquitectura, sino de la ingeniería y la construcción. Es un puente que cruza un río, es un túnel que penetra un monte, es un cálculo matemático que determinará cuánto deben medir los muros para que nadie se atreva a cruzar la frontera; cuánto hormigón necesitaré, dónde estarán los pasos fronterizos, con cuánta inversión será rentable y con cuánto apostaré en la licitación con mi constructora.

Hasta ahora, las respuestas más valoradas desde el punto de vista de la arquitectura en esta serie de autoencargos encajan mejor en el land art. Son llamados de atención (para nosotros mismos, como siempre) que invitan a la reflexión, pero no son arquitectura. Fuera de nuestra disciplina suelen ser vistos con desprecio, pues carecen de ese contexto que se pierde con la sola viralización de la imagen.

¿La arquitectura tiene algo que decir cuando se trata de inmigración, conflictos bélicos y la transformación política de las sociedades? Sí, claro, tenemos a Teddy Cruz interviniendo esa misma frontera y Malkit Shoshan trabajando junto al Ministerio de Defensa de Holanda sobre el impacto urbano de las misiones de los cascos azules en Gao, pero saben que no lo podrán zanjar todo. El aporte de la arquitectura no está en un muro.

Malkit Shoshan trabaja junto al Ministerio de Defensa de Holanda en el impacto urbano de las bases de las misiones de paz de la ONU en el Sahel (2016). Image © F.A.S.T.
Sobre este autor/a
Cita: Nicolás Valencia. "En el muro de Trump, la arquitectura no tiene nada que hacer" 05 jun 2017. ArchDaily México. Accedido el . <https://www.archdaily.mx/mx/872415/en-el-muro-de-trump-la-arquitectura-no-tiene-nada-que-hacer> ISSN 0719-8914

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