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El Bicentenario de la independencia del Perú, que se celebrará en el 2021, representa no sólo una gran oportunidad para hacer un balance de lo que hemos construido como nación en doscientos años de existencia, sino también para reflexionar sobre cuáles son los retos para los próximos cien, es decir, en el camino hacia el tricentenario.
Nuestro primer siglo como nación independiente concentró el poder y la población en Lima, y su celebración estuvo enfocada en conmemorar los logros de una aristocracia que creía en un progreso basado en la extracción de materias primas del territorio nacional, siempre dirigido todo desde la capital. En ese contexto, uno de los proyectos más importantes enmarcados en el Centenario fue la creación del espacio que acogería a la estatua del libertador José de San Martín, lugar donde se ubicó, hasta 1914 la estación ferroviaria de San Juan de Dios. En una ciudad que no llegaba a los 200 mil habitantes, los limeños recibieron 20,000m2 de espacio público con la plaza San Martín, es decir diez metros cuadrados de espacio compartido para cada ciudadano.
Al día de hoy, el país ha avanzado en cuanto a descentralización, las regiones tienen una mayor autonomía y varias ciudades superan ya el medio millón de habitantes. Sin embargo, la capital sigue concentrando el poder económico y político del país. Por ello, Lima cuenta hoy con más de 10 millones de habitantes, y es difícil pensar su área metropolitana sin incluir el vasto territorio del que depende para su subsistencia. En ese contexto, se plantea la pregunta:
