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¿Qué tan importante es la firma de un arquitecto/a connotado/a?

¿Qué tan importante es la firma de un arquitecto/a connotado/a?
¿Qué tan importante es la firma de un arquitecto/a connotado/a?, Oficinas portuarias de Amberes, Zaha Hadid Architects, 2016. Image © Helene Binet
Oficinas portuarias de Amberes, Zaha Hadid Architects, 2016. Image © Helene Binet

Desde el Blog de Fundación Arquia, el arquitecto José Ramón Hernandez, nos trae un artículo que reflexiona sobre aquellas obras que solo se aprecian por ser de quien son y que, de no llevar la firma de un autor ilustre habrían pasado totalmente desapercibidas o despreciadas.

El escritor francés Claude Simon, uno de los padres del nouveau roman, recibió el premio Nobel de Literatura en 1985 por sus novelas “que combinan la creatividad del poeta y la del pintor al dar profundo testimonio de la complejidad de la condición humana”. Un gran admirador suyo, Serge Volle, por una apuesta ha enviado cincuenta páginas de la novela de Simon Le Palace (1962) a veinte editoriales sin decirles que el texto era del Nobel. Las han rechazado las veinte. Algunas, como suele ocurrir, sin decir ni mu, pero otras han dicho que las frases no tienen final y se pierde el hilo o que los personajes no están bien diseñados.

Si Volle hubiera presentado ese mismo texto como un inédito de Simon, firmado indubitablemente por él, habría suscitado el interés de todas o de casi todas las editoriales. Habrían valorado esas frases sin final como propias de esa visión de la complejidad humana, y los personajes no les habrían parecido mal diseñados, sino laberínticos, múltiples y profundos. Pero así, anónimo, desnudo, sin firma, sin historial y sin prestigio, les pareció muy malo.

Eso pasa con todo. También con la arquitectura.

¿Merecería el Cabannon una mirada distraída de más de treinta segundos si no supiéramos que es de Le Corbusier?

Le Corbusier. Cabannon. Cap Martin, Francia, 1951-52. Image © Tangopaso [Wikipedia] Public Domain
Le Corbusier. Cabannon. Cap Martin, Francia, 1951-52. Image © Tangopaso [Wikipedia] Public Domain

¿Suscitarían nuestro interés –más allá de algún comentario divertido e incluso burlesco- las palanganas de la última época de Frank Lloyd Wright si no fueran de Frank Lloyd Wright? ¿Se habría atrevido alguien a publicarlas?

Frank Lloyd Wright. Iglesia ortodoxa de La Anunciación. Milwaukee, Wisconsin, EE.UU., 1956. Image © Freekee at English Wikimedia Commons|1=wikipedia}} [Wikipedia] CC BY-NC 3.0
Frank Lloyd Wright. Iglesia ortodoxa de La Anunciación. Milwaukee, Wisconsin, EE.UU., 1956. Image © Freekee at English Wikimedia Commons|1=wikipedia}} [Wikipedia] CC BY-NC 3.0

A menudo nuestra inopia crítica es tal que al ver un edificio no sabemos qué decir de él hasta que no nos enteramos de quién es su autor, y entonces la biografía y los antecedentes de este nos dan una base y suplen las supuestas cualidades de la obra en cuestión.

Entonces, surge la duda de si ciertas obras solo se aprecian por ser de quien son, y la sospecha de que, de no llevar la firma de un autor ilustre habrían pasado totalmente desapercibidas o despreciadas.

Antes hay que decir dos cosas: La primera es de Julio Cano Lasso, a quien he leído que un buen arquitecto puede hacer algunos malos proyectos, pero un mal arquitecto nunca hará ni uno bueno. Y eso es cierto. Un proyecto puede salir mal por muchas razones: un mal planteamiento, una caída de tensión del arquitecto, una falta de atención a algún detalle, una comodidad, un poco de pereza o de descuido… y también por algunas no imputables al arquitecto. Pero, un buen proyecto no sale de chiripa. Nunca. Es todo tan difícil… Y por lo tanto, siempre deberíamos mantener en nuestro aprecio la buena consideración que nos merece cada arquitecto por sus mejores proyectos.

Y la segunda es que, por otra parte, hay que intentar mantener el espíritu siempre crítico e independiente, y si un arquitecto a quien admiramos hace una obra que no nos termina de gustar no debemos engañarnos a nosotros mismos ni intentar disimular, sino mirarla inquisitivamente, buscando y descubriendo.

Por lo tanto, una vez declarado mi respeto y mi admiración por los autores, pero también mi crítica a alguna de sus obras, os propongo que hagáis lo mismo y que me contradigáis en alguno de los ejemplos que siguen (o en todos), que me apoyéis en otros (o en ninguno) y que dejéis  comentarios proponiendo más. Al final, hasta podríamos hacer un ranking de proyectos que no están a la altura de arquitectos que consideramos grandes.

Adolf Loos para el concurso del Chicago Tribune. Image Cortesía de Chicago Architecture Biennal Blog (Consortia)
Adolf Loos para el concurso del Chicago Tribune. Image Cortesía de Chicago Architecture Biennal Blog (Consortia)

Pienso, por ejemplo, en el proyecto de Adolf Loos para el concurso del Chicago Tribune. ¿De verdad es eso de recibo? ¿De verdad tiene eso algo que ver con Adolf Loos? Ya no se trata de que sea malo (que lo es), sino de que no tenemos ni la menor idea de a qué vino eso.

Oscar Niemeyer en Avilés era un hombre muy mayor que disfrutó haciendo un esquema sin pensar, sin medir, sin valorar, sin proporcionar, sin ajustar, sin nada. Un pre-esquema. Un divertimento. Y así quedó. Luego una serie de técnicos lo hicieron viable, pero el talento creador se quedó en una tonta caricatura.

Oscar Niemeyer . Image © [Wikipedia] CC BY-NC 3.0
Oscar Niemeyer . Image © [Wikipedia] CC BY-NC 3.0

El gran Sáenz de Oíza nos dejó cariacontecidos con unas cuantas obras. Era un hombre tan extremo y tan apasionado que cuando lo hacía mal lo hacía muy muy mal. Pienso por ejemplo en la Casa Fabriciano.

Casa Fabriciano, Sáenz de Oíza. Image
Casa Fabriciano, Sáenz de Oíza. Image

Es decir, vamos sobre seguro. Nos apoyamos en el historial de los autores como si fueran muletas para poder acceder a sus obras. Muchas veces si no fuera por eso a muchas de ellas no les prestaríamos la más mínima atención.

Lo que importa es la firma. La firma. ¿Esta obra es de Aalto, de Borges, de Joyce, de Picasso? Entonces es buena. Tiene que serlo porque estos autores ya han hecho obras muy buenas (eso he leído y escuchado siempre) que les han ascendido al cielo y les han hecho sublimes en todo. A ver quién se atreve entonces a decir no.

Todos, hasta los más grandes, pueden tener un mal momento (“una mala tarde la tiene cualquiera”), o hacer una obra menor o intrascendente. Pero, al parecer, si tienes una buena firma estás a salvo de todo y sólo puedes hacer cosas sublimes.

Este artículo fue originalmente publicado como 'La firma' y 'la firma (II)' en el blog Fundación Arquia y escrito por José Ramón Hernandez. Lee más de sus artículos aquí.

Sobre este autor/a
José Ramón Hernández Correa
Autor
Cita: José Ramón Hernández Correa. "¿Qué tan importante es la firma de un arquitecto/a connotado/a?" 06 jun 2018. ArchDaily México. Accedido el . <https://www.archdaily.mx/mx/895852/que-tan-importante-es-la-firma-de-un-arquitecto-connotado> ISSN 0719-8914