
De Wuhan a Nueva York, el epicentro del coronavirus se mueve de este a oeste y deja atrás una asombrosa cantidad de muertes. Hemos leído alarmantes informes, así como noticias contradictorias que nos recuerdan todos los días que vivimos tiempos difíciles y sin precedentes. Sin embargo, he aquí una buena noticia: las emisiones en las ciudades están disminuyendo, y la naturaleza sigue su curso regenerativo. Pero ¿cuánto durará esto?
Después del cierre en Italia, las redes sociales inundaron los informes de las aguas cristalinas de los canales de Venecia (figura 1) y del regreso de los organismos oceánicos. Estos se vieron agravados por el aumento de los titulares de una notable disminución de las emisiones en varias ciudades y países. Por ejemplo, China –en donde hubo misiones crecientes en los últimos años– tuvo una disminución del 25% en las emisiones desde el comienzo del año. Italia, el Reino Unido y Francia informaron una disminución del 16% en el mes de marzo desde el inicio del bloqueo. También se informa que Nueva York tuvo una reducción del 50% en la contaminación.
Tal disminución se anticipa a medida en que COVID-19 continúa provocando más bloqueos en ciudades, regiones y países; impactando así sectores como el transporte, la industria, la manufactura y el turismo, entre otros. Esos han contribuido durante mucho tiempo a las emisiones, especialmente debido a su dependencia de fuentes de energía no renovables. Además, el bloqueo ha reducido los comportamientos de consumo excesivo, ya que aproximadamente más de 3 mil millones de personas, equivalentes a aproximadamente el 40% de la población mundial, están confinados en hogares; por lo tanto, no consumen y contribuyen menos a las actividades generadoras de contaminación.
