
Una ciudad activa es aquella que anima a sus habitantes a realizar actividad física en su vida diaria. Esto no quiere decir que su objetivo sea transformar a la ciudadanía en deportistas olímpicos, sino que cuenta con espacios para que ciclistas y peatones se muevan de forma segura y una infraestructura adecuada para que personas de todas las edades puedan practicar deporte, divertirse y relajarse al aire libre. Así, la actividad física, en mayor o menor medida, se convierte en parte natural de la vida diaria de la población.
El resultado positivo de este diseño activo en el espacio urbano se observa no solo en la mejora de la salud física y mental de los ciudadanos, sino también en el aumento del atractivo de la ciudad y su vitalidad económica. Las actividades físicas son importantes para todos, desde los niños hasta los ancianos. Su práctica contribuye a la lucha contra la depresión, proporciona una mayor interacción social y ocupación de los espacios públicos. Por otro lado, la falta de actividad física contribuye al sobrepeso y la obesidad, la aparición de enfermedades cardiovasculares y la reducción de la esperanza de vida en las ciudades.




