
Existe un eslogan muy conocido —"Del Cabo al Cairo"— que ha dado lugar a numerosos libros y ha despertado la imaginación de innumerables viajeros del continente africano. Los orígenes de la frase son de carácter imperial, surgidos de una propuesta de 1874 del periodista inglés Edwin Arnold que buscaba descubrir los orígenes del río Congo. Este proyecto fue asumido más tarde por el imperialista Cecil Rhodes, quien imaginó un ferrocarril continuo de territorios gobernados por los británicos extendiéndose desde el norte hasta el sur del continente.
Los estados africanos independientes de hoy han construido sus propios ferrocarriles, como el ferrocarril Tanzania-Zambia construido en 1975 cuando Zambia buscaba eliminar la dependencia económica del gobierno de la minoría blanca en Zimbabwe y Sudáfrica. Sin embargo, una gran cantidad de redes y estaciones ferroviarias en África tienen orígenes coloniales, y aunque el ferrocarril "Cabo a El Cairo" nunca llegó a existir, los ferrocarriles en el continente africano cuentan las historias de la arquitectura utilizada para promover la ambición imperial, y de desarrollo urbano que cambió para siempre el funcionamiento de ciertos asentamientos.













