
El territorio misionero, en Argentina, asiste, desde el siglo XV, al paso y a la superposición local constante de un gran número de culturas sumamente diversas. Indígenas guaraníes, conquistadores españoles, fundaciones jesuíticas, bandeirantes paulistas, gentes de la República de Entre Ríos y luego de la Provincia de Corrientes, paraguayos, brasileros y, finalmente, un arribo voraz de inmigrantes europeos que huían de las guerras mundiales conforman algunas de las capas de su inmensurable tejido cultural.
Aquel tejido es enaltecido por un entorno natural aún más complejo y diverso. Un paisaje de agua y selva abrazan a una biodiversidad única, de infinitos verdes, texturas y colores. Bestias salvajes son protagonistas de un monte vivo que resuena en frecuencia con el caer de sus cascadas y la sinfonía de sus insectos.















