
Los baños que solemos tener en nuestros hogares son legados de la colonización europea alrededor del mundo. Su forma actual, sin embargo, data de milenios y no hubiera sido posible sin las inversiones y la evolución del saneamiento básico.
La salud de una población está directamente relacionada con el medio físico que habita, tal y como afirma Hipócrates en su texto "Aires, aguas y lugares", escrito durante el siglo V a.C., en el que el pensador griego conocido como el 'padre de la medicina', establece que para investigar adecuadamente la salud y la causa de la enfermedad es necesario observar y comprender el medio ambiente habitado desde las estaciones, el viento, el agua, su posición geográfica, la tierra y el paisaje y también las costumbres de las personas que viven ahí. Cada civilización ha desarrollado una forma de afrontar lo que hoy entendemos por saneamiento, dependiendo de su época y también de su contexto geográfico, cultural, político y económico.
Las primeras civilizaciones registradas se conocen como civilizaciones hidráulicas, como Egipto y Mesopotamia. Ellos, como China y el valle del Indo, se desarrollaron a lo largo de cuencas hidrográficas y cerca de grandes ríos. Esta proximidad y el conocimiento de cómo manipular los recursos de la tierra, especialmente el agua de los ríos, fue fundamental para su crecimiento. En Egipto, por ejemplo, el control de la frecuencia del río Nilo permitió un sistema de riego y la construcción de diques y agua entubada que abastecía el palacio. En la Antigua Babilonia existen registros de redes de agua y alcantarillado desde aproximadamente el 3.000 a.C. Posteriormente, la Civilización Romana desarrolló sistemas de alcantarillado y abastecimiento que hicieron posible el crecimiento de su imperio. La Cloaca Máxima y los Acueductos, junto con un conjunto de letrinas y baños públicos, fueron fundamentales en la cultura romana.







