
El metaverso promete revolucionar nuestra forma de vida. Al integrar tecnologías inmersivas como la realidad virtual y aumentada (VR y AR), espera agregar otra capa a la forma en que experimentamos la vida cotidiana. Se sugiere que el metaverso cree espacios virtuales donde las personas puedan reunirse y compartir experiencias sin importar las limitaciones geográficas. Las posibilidades parecen infinitas: intercambiar conocimientos, fomentar la colaboración profesional, desarrollar y democratizar el arte, la educación, la cultura e incluso permitir el compromiso político. Las interacciones sociales están en el centro de la idea de un metaverso. Esto plantea la pregunta: ¿cómo pueden los nuevos espacios virtuales adquirir las propiedades de los espacios públicos?
Actualmente, existen dos tipos de entornos que permiten a las personas reunirse y compartir experiencias: físicos y virtuales, representados principalmente por las redes sociales. Los espacios públicos físicos son algunos de los espacios más atractivos que pueden ofrecer las ciudades. Permiten la interacción social no estructurada y su carácter está definido por las personas que los utilizan. Sin embargo, cuando la pandemia obligó a todos a encerrarse, las limitaciones de los espacios físicos se hicieron evidentes, y el cambio hacia los espacios sociales virtuales demostró ser ventajoso de múltiples maneras.












