
Recuerdo bien el momento cuando empecé a cuestionar el tipo de imágenes y arquitectura que consumíamos y discutíamos en la universidad; en comparación con el propio entorno construido de la ciudad en la que vivo (CDMX). Un tipo de arquitectura que pretende delinear ciertos principios estéticos tendenciosos, curados y distribuidos a través de la academia, plataformas digitales, revistas, libros y los desarrolladores inmobiliarios, entre otros.
Según algunas estimaciones, alrededor del 80% de la construcción en el mundo no se encuentra regulada por el mercado; ni se construye por arquitectos formados1. La autoconstrucción es la manera más común de construir. Sin embargo, se ha dicho y cuestionado muy poco sobre sus cualidades estéticas: ya sea desde su producción, hasta la simplista calificación de su apariencia.

