Juan Navarro Baldeweg: un nómada entre las artes

A Juan Navarro Baldeweg le gustaba imaginar su obra dentro de una habitación onírica, donde las siluetas de sus edificios se perciben recortadas sobre un horizonte de fugas visuales y, en cuyo centro de confluencia, se encuentra el espectador. Ambicionando, además, que sus exposiciones, si no antológicas, sean al menos acumulativas; invitándole a vagar y trazar entre sus piezas trayectos afines que las engarzan cual eslabones de un mismo medio expresivo o distintos ademanes formales.

Frente a la rectitud de las actitudes clasicistas y la síntesis moderna en torno a lenguajes artísticos, Navarro Baldeweg, para desconocimiento de muchos, enarbola el cultivo simultáneo de diversas disciplinas, a veces contrapuestas, y distintas artes. Un moverse sin preferencias ni fronteras en el amplio espectro de las prácticas artísticas que, en su momento, presagiaba procederes hoy en día extendidos, como el nomadismo y las poéticas del “entre”. Ese nomadismo no nace de una actitud oportunista, sino de un impulso creador, de un ojo inquieto, de una mirada educada… En definitiva, del trabajo de un artista total.

Mural, instalación de Sol LeWitt. Image © Manuelarosi [Wikimedia bajo licencia CC BY-NC 3.0]

“Como el río y el mar, o el mar y la nube, o la nube y la lluvia, se enlazan en el ciclo del agua, así el ‘mundo y yo’ se entretejen por numerosos hilos y por la continuidad de muchas fuerzas y sustancias: un mundo solo, aglutinado de materia y energía, en el que está inmerso el cuerpo”

Juan Navarro Baldeweg, ‘Frenhofer y Lord Chandos’ [2008]

En este arriesgado equilibrio, no siempre bien entendido, se mueve Navarro Baldeweg. Equidistante entre las rigideces de las diversas artes y las mezclas indiscriminadas, y cimbreándose en esta oscilación, se conjugan conexiones y traspasos, contaminaciones y derivas, extensiones y metamorfosis. Mientras, la gestualidad de la mano en la acción pictórica se alarga hasta expandirse en una instalación, si es que no se transforma en ornamento y revestimiento de edificios. Paralelamente, una ventana incorpora el paisaje del mismo modo que, a través de un rayo de sol que se cuela por una rasgadura de la cubierta, se adentra la naturaleza física en la arquitectura. En la perseverancia por la transmitancia entre los límites, cada recurso expresivo no es sino una excusa para ejercitar la caprichosa voluntad de la mirada y tender puentes metafóricos entre lo percibido; lo representado; la habitación onírica y lo construido; transfigurando una caja de resonancia. 

Altes Museum, Schinkel [1828]. Image © CC0 1.0 Universal [Public Domain Dedication]

Sería posible anudar un ramillete de influencias, pues Navarro Baldeweg dialoga abiertamente con diversos ejemplos pertenecientes a la historia: el Panteón romano y los baños turcos, Chardin y Poussin, la pintura china y el grabado japonés, Soane y Schinkel, … mientras persigue las huellas de pinceladas, colores o gestos de Van Gogh, Matisse, Picasso; la esencialización de Mies, los juegos de Mallarmé con el azar y de Hofmannsthal con el lenguaje y, sobre todo, la levedad y sutileza de Duchamp. Sintoniza igualmente con la abstracción gestual de Pollock, Tobey y Michaux; así como con minimalistas y conceptualistas como Robert Smithson, Sol LeWitt o Matta-Clark.

A diferencia de otros normalizadores de la academia moderna, Navarro Baldeweg desafía la novedad pertrechado tras una vasta cultura artística y arquitectónica, asimilando con inteligencia y sutileza las líneas de fuerza y fundamento que definieron un día la modernidad plural. Por ello, las influencias no son literales ni se ciñen —aun no excluyéndolas del todo— a los parentescos formales con un artista o tendencia, sino que se criban entre las corrientes menos palpables de las afinidades a la sensibilidad estética y las resonancias conceptuales. 

Parasoles, Universidad Pompeu Fabra [2008]. Image © Herodotptlomeu [Wikimedia bajo licencia CC BY-NC 3.0]

Tomando como ejemplo sus dibujos espontáneos para filtros y parasoles, podemos hacer una aproximación a cómo Navarro Baldeweg camina entre la delgada línea que separa las retóricas de distintas artes. Los dibujos se corresponden a una colección personal del arquitecto, concretamente a Luna y Lluvias de 1980. En ellos, el arquitecto madura la traducción de los garabatos a la forma arquitectónica. Así los materializa en la Universidad Pompeu Fabra [2008]: inspirados pero a la vez separados de la gestualidad directa de la mano, consecuencia de los cambios de escala y el recurso de materiales moldeados por la tecnología, se trazan una serie de geometrías casi arabescas con las que Navarro Baldeweg retorna al ornamento en arquitectura. Llamativos por la libre disposición y los colores puros, contrarrestan la abstracción —de carácter y construcción modernas— que armoniza los volúmenes y paramentos del conjunto.

Al tiempo que se recreaba, por aquel entonces, en la experimentación formal por medio de la pintura, realiza el Palacio de Congresos y Exposiciones de Castilla y León [1992]. Animando el espacio por la luz cenital y tangible que se filtra a través de los cortes en los bordes inferiores de la bóveda vaída, los cuales hacen invisible el perímetro esculpido por la luz, se originan sensaciones de levedad y ligereza, efectos flotantes que contribuyen a desmaterializar su interior. La cúpula, además, se prolonga de un modo unitario, concéntrico hasta que, desbordando la sala principal, provoca una rasgadura lateral que se opone al carácter destructivo que el “splitting” jugaba en Gordon Matta-Clark; operando así como un dispositivo constructivo, como un elemento de aporte arquitectónico.

Sala Mayor, Palacio de Congresos y Exposiciones Castilla y León [Salamaca, 1992]. Image © Atletico11 [Wikimedia bajo licencia CC BY-NC 3.0]

También podemos definirle como un arquitecto con aprehensión por cuestiones referidas al contexto físico y cultural, tanto en la ciudad —con actuaciones recientes como la Biblioteca Hertziana en Roma— como en el paisaje. Detenerme en ello supondría iniciar otra historia sinfín, intentando delimitar un camino de ida y vuelta: el de la arquitectura hacia el paisaje y el del paisaje hacia la arquitectura.

Navarro Baldeweg ambienta sus arquitecturas en unos horizontes ininterrumpidos que integran los accidentes del paisaje o, como en el Instituto de Amersfoort, las nubes. Una muestra explícita de tal intersección es el Centro de Investigación y Museo de Altamira. Tanto desde una visión lejana —teniendo como fondo los prados y montañas cántabro-astures—; como desde una mirada próxima, combinando las formas mínimas, el cromatismo y el volumen de cuerpos repetidos y escalonados con los estratos naturales y excavados de la roca. Estos quedan así transfigurados como objetos “encontrados” y materiales de arquitectura que, a la manera del land art, activa las energías latentes del medio físico.

Museo de Altamira [Burgos, 2001]. Image © José Luis Filpo Cabana [Wikimedia bajo licencia CC BY-NC 3.0]

Dando por sabidas la agudeza de su percepción estética como espectador y el ojo creativo como artista, que todo filtra y recrea a su manera, presiento que en un plano teórico las afinidades conceptuales no obedecen a complicidades directas, sino más bien indirectas; así como a una genealogía nata en la formación artística que Navarro Baldeweg siempre reconoce. 

Sobre este autor/a
Cita: Borja Fernández. "Juan Navarro Baldeweg: un nómada entre las artes" 10 ene 2019. ArchDaily México. Accedido el . <https://www.archdaily.mx/mx/909004/juan-navarro-baldeweg-un-nomada-entre-las-artes> ISSN 0719-8914

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