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¿Cómo lograr una ciudad resiliente? Primero, deja que se moldee a sí misma

¿Cómo lograr una ciudad resiliente? Primero, deja que se moldee a sí misma
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¿Cómo lograr una ciudad resiliente? Primero, deja que se moldee a sí misma, Vista aérea nocturna de Ciudad de México, México. Imagen © Aleksandar Todorovic
Vista aérea nocturna de Ciudad de México, México. Imagen © Aleksandar Todorovic

La resiliencia parece ser un tema de mucha discusión dentro de los círculos del urbanismo hoy en día. Sin embargo, existe un pequeño problema: no podemos llegar a un acuerdo sobre qué significa resiliencia.

Dos definiciones parecen estar dando vueltas. La primera, arraigada en la ciencia de materiales. La segunda, en ecología.

Piensa en un objeto. Un objeto al que se le da una cierta forma y resistencia. Entonces se le aplica presión. El objeto recibe y reacciona a esta presión, volviendo a su forma y resistencia originales. Desde el contexto de la ciencia material, este objeto se ha comportado de una manera resistente.

Ahora, pensemos en una jungla. Una jungla con una amplia gama de especies, desde la escala de microbios hasta el dosel tropical. Se aplica una presión, por ejemplo, una sequía. Ciertas especies mueren. Otras son fructíferas y se multiplican. Al final, la jungla conserva una diversidad de especies suficientemente amplia, en un rango de escalas, de modo que es una buena oportunidad para sobrevivir de una manera similar a una futura situación de presión. Desde el contexto de la ecología, esta jungla se ha comportado de una manera resiliente.

Entre estas definiciones, hay tres diferencias principales a tener en cuenta: (1) el tema de la autoría; (2) cómo se responde a las presiones; y (3) lo que sucede después de que la presión finaliza.

La forma y la fuerza del objeto están diseñadas conscientemente o designadas por alguien, bajo una lógica top-down. Con la jungla este no es el caso: tiene una fisicalidad, una geología, una geografía. Esta fisicalidad proporciona los nichos que sustentan los medios de vida de una amplia variedad de especies, ya sean grandes o pequeñas. Por decirlo de alguna forma, la autoría de la naturaleza de la jungla está escrita de manera ascendente, es decir, una lógica bottom-up.

Más allá de su complejidad, la selva también conserva un poco de aleatoriedad e impredecibilidad en su comportamiento: las especies mutan; las geografías físicas cambian; los comportamientos se alteran, y así sucesivamente, más allá de las capacidades de los modelos predictivos.

Esta simultánea diversidad y aleatoriedad dan forma a cómo la selva responde a la presión. Su capacidad para responder a los cambios evoluciona con el tiempo. Mientras un objeto físico, por otro lado, puede ser complejo, pero su capacidad para responder a la presión siempre se limita a las fronteras formadas inicialmente por sus creadores.

El objeto de hoy, entonces, debe ser el mismo que el objeto del pasado. La selva de hoy, por otro lado, no soporta esta carga. La jungla resultante de esa presión (post-presión) puede ser radicalmente diferente a su estado previo a la presión (pre-presión), siempre y cuando se resuelva el problema de la diversidad de especies en todas las escalas.

El Estado post-presión

A 6 años del huracán Sandy, las autoridades han admitido que "no tienen un plan para proteger el distrito financiero" de la ciudad de Nueva York, según un artículo publicado por The New York Times en mayo pasado. Imagen © IM_photo / Shutterstock
A 6 años del huracán Sandy, las autoridades han admitido que "no tienen un plan para proteger el distrito financiero" de la ciudad de Nueva York, según un artículo publicado por The New York Times en mayo pasado. Imagen © IM_photo / Shutterstock

En el caso de las ciudades, el dilema es que ambas definiciones de resiliencia están en movimiento.

Consideremos el caso de Nueva York. La presión: una tormenta, similar al huracán Sandy (2012). Cuando esta fuerza se aplica al tejido urbano, ¿qué ocurre? Porciones significativas de la ciudad se inundan. La infraestructura vial y el transporte público se paralizan. Se producen cortes de electricidad a gran escala. Las instituciones se ven sobrepasadas. El tejido físico de la ciudad está gravemente dañado. Muchas personas pierden sus vidas.

Aquí está en juego la definición de resiliencia de la ciencia material. Se espera que la ciudad recupere su estado anterior a la tormenta cuando las aguas bajen. La forma y la resistencia de la ciudad previa a la tormenta (pre-tormenta) se espera exactamente igual en la ciudad posterior a la tormenta (post-tormenta), específicamente en términos de sus sistemas públicos, que han sido creados, diseñados y configurados de forma vertical (top-down) por las instituciones urbanas estatales. Si la ciudad post-tormenta no puede alcanzar su estado pre-tormenta tal como se espera, asumimos que la tormenta estuvo más allá de las capacidades de la ciudad.

Consideremos otra fuerza: una crisis socioeconómica que se asemeje al rango de presiones socioeconómicas que ayudaron a dar forma al Nueva York en la década de 1970 que estuvo al borde de declararse en bancarrota, y las grandes migraciones y desplazamientos urbanos observados durante esos años. Cuando tal presión golpea el tejido urbano, algunas partes de la red socioeconómica se colapsan, decaen y desaparecen. Otros encuentran oportunidad, ganan fuerza y se multiplican.

Tras una crisis socioeconómica de este tipo, el estado de recuperación de la ciudad (post-crisis) no es necesariamente el mismo a su estado previo a la crisis (pre-crisis). Si es una ciudad resiliente, simplemente se reestructura de una manera que mantiene cierta robustez de la diversidad socioeconómica. La ciudad post-crisis puede parecerse a la ciudad pre-crisis, pero no es necesario que ocurra tal cual. Lo que hace que las cosas sean más interesantes, es que estas presiones también ocurren en escalas más pequeñas, lo que afecta a varias zonas del tejido urbano, mientras que otros nichos pueden ser ajenos a su presencia.

La carga de la visión histórica

La ciudad es tanto el objeto físico como la selva. Sin embargo, cuando hablamos de resiliencia urbana, a menudo nos olvidamos de la jungla y nos enfocamos en el objeto físico del primer ejemplo.

Esto es parcialmente una carga histórica: los hitos de fines del siglo XIX e inicio del XX aún pesan sobre los fundamentos del urbanismo tal como lo entendemos hoy: desde la genética hasta las normas de género; desde la inmigración hasta las estructuras económicas y los hábitos domésticos.

Esta fue una época en la que la élite experta asumió que era de su competencia controlar y moldear la ciudad en torno a una visión establecida de lo que una ciudad aceptable debería ser. Aceptable hasta un momento altamente interesado en colonias industriales, familisterios, grandes desarrollos suburbanos y visiones utópicas. Por ejemplo, megaproyectos que se asemejaban a ciudades, pero que esencialmente se comportaban como objetos arquitectónicos desinfectados a gran escala creados y controlados posteriormente de forma top-down.

El desafío que presenta la resistencia urbana a los y las urbanistas contemporáneas es el equilibrio intelectual que debe capturar simultáneamente tanto el objeto físico como la jungla. En el ámbito de la infraestructura, las redes institucionales, los sistemas de energía y residuos y las huella de carbono, por nombrar algunos de ellos, debemos asumir la definición científica de resiliencia. En el ámbito de lo socioeconómico, lo político y lo cultural debemos asumir la definición ecológica de resiliencia.

En el caso del objeto físico, la visión de la ciudad se mantiene, se refina, se mejora. En el caso de la selva, la visión de la ciudad debe ser abandonada. Más bien, el derecho a la ciudad, a vivir, a trabajar y a tener un acceso equitativo a las oportunidades urbanas son factores que deben mantenerse a lo largo de todas las presiones que la ciudad enfrenta. Pero, invariablemente, debemos renunciar a nuestra autoría sobre el tipo de ciudad, la visión de la ciudad, que se forma dentro de ese marco. La ciudad debe moldearse a sí misma.

Si no le otorgamos a la ciudad esa capacidad para tal autodeterminación, eliminamos lo aleatorio, lo impredecible y la naturaleza innovadora del tejido urbano. Nos quedamos, entonces, no con una entidad urbana, sino con un objeto que simplemente se parece a uno. No con una jungla, sino un paisaje bien cuidado hecho para parecerse a uno.

Sobre este autor/a
Cita: Kayatekin, Cem. "¿Cómo lograr una ciudad resiliente? Primero, deja que se moldee a sí misma" [How to Achieve a Resilient City? First, Let it Shape Itself] 08 jul 2019. ArchDaily México. (Trad. Valencia, Nicolas) Accedido el . <https://www.archdaily.mx/mx/920619/como-lograr-una-ciudad-resiliente-primero-deja-que-se-moldee-a-si-misma> ISSN 0719-8914

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