
Antiguamente, se conocía como “ciclópea” a una técnica constructiva basada en la utilización de bloques de piedra de grandes dimensiones que, superpuestos y vinculados entre sí, sin ningún tipo de argamasa o mortero, permitían materializar diversas estructuras. Las civilizaciones a las que se les atribuye la utilización de esta técnica son muy diversas. La misma ha sido aplicada con distintas funciones que van desde la construcción de murallas defensivas, talayots, navetas, nuragas, templos, tumbas y límites de castros. En general, suele asociarse con este tipo de género a cualquier construcción antigua que utilice elementos pétreos de gran tamaño, cuyo aparejo sea más o menos poligonal.
El hormigón ciclópeo, también llamado concreto ciclópeo, no es más que la hibridación entre esta antigua técnica y los recursos constructivos contemporáneos. Lo que diferencia al hormigón ciclópeo del hormigón simple es esencialmente el tamaño del agregado grueso. El hormigón ciclópeo, incorpora en la masa de concreto piedras de grandes dimensiones, como pueden ser cantos rodados (en el hormigón simple, el agregado grueso suele tener ciertos límites dimensionales asociados a la separación de los hierros o la resistencia requerida, rondando un máximo de 1 pulgada) y, además, en general carece de armadura (mientras que el simple puede o no ser armado, dependiendo de su función).






