
La luz cumple un propósito esencial en la arquitectura: ayudarnos a ver. Ya sea a través de métodos naturales o artificiales, las habitaciones deben iluminarse en consecuencia para que los ocupantes puedan habitarlas de manera segura y cumplir con sus funciones diarias. Cuando se selecciona el sistema adecuado, la luz también puede contribuir a la eficiencia energética y la sostenibilidad dentro del edificio en su conjunto. Sin embargo, además de su evidente valor funcional y medioambiental, el diseño de iluminación puede tener un gran impacto en el confort visual y el tono estético de los interiores al llamar la atención sobre las texturas, realzar los colores y definir los volúmenes. Por lo tanto, de las muchas piezas que intervienen en el diseño de interiores, la iluminación es sin duda una que puede realzar o destruir un espacio e incluso afectar el bienestar de los usuarios, por lo que debe considerarse un elemento de diseño crucial en sí mismo.
Por supuesto, la luz natural siempre será la más cómoda para los usuarios, ya que es la fuente de luz a la que nuestros ojos se adaptan de forma natural. Sin embargo, la mayoría de los proyectos también requieren una iluminación artificial eficaz para iluminar en la oscuridad o en áreas donde la luz natural no puede llegar, maximizando la calidad funcional y estética de los espacios. Con tantos sistemas disponibles (iluminación directa, indirecta, difusa, de efectos y de acento) y su evolución con las nuevas tendencias y tecnologías, existen infinitas posibilidades de diseño para elegir. Seleccionar la forma correcta de iluminar artificialmente un espacio moderno – mientras se mejora su arquitectura y se da rienda suelta a la creatividad – puede ser un gran desafío.

























