
Con ciudades cada vez más verticales, los edificios han encontrado formas de aprovechar las ventajas que los techos pueden traer en medio de la vida urbana. A través de salones de baile, restaurantes, piscinas y otros programas, la arquitectura contemporánea ha ganado acceso a la luz solar, la ventilación natural y también a un horizonte a partir de la ocupación de los techos, convirtiéndolos en un atractivo comercial para desarrollos residenciales y comerciales. Pero el interés por apreciar la ciudad desde este punto de vista no es fruto únicamente de la verticalización, ni es una alternativa meramente técnica.
Mark Dorrian recuerda, en su ensayo The aerial view: notes for a cultural history, que, para Freud, la transición a la verticalidad de la especie humana es un momento crítico en nuestra evolución cultural, consecuencia de cuando el hombre ascendió del suelo, levantando así los ojos y dejando al descubierto sus genitales. Este argumento señala cómo el cambio de perspectiva humana puede despertar una serie de reflexiones que conforman nuestra comprensión del mundo. Pasar del suelo a la cima, cambiar nuestro punto de vista para ampliarlo y buscar un mayor alcance, es un hábito humano, una herramienta, de la que nos aprovechamos.






