
En el año 1969, el colectivo The Architects' Resistance, formado por estudiantes de las universidades de Yale, Columbia, y el Massachusetts Institute of Technology (MIT), publicó un manifiesto llamado Architecture: Whom Does It Serve? (Arquitectura: ¿A quién sirve?)
Con este manifiesto, el grupo buscaba situar la práctica de la arquitectura en un contexto económico, social y ambiental más amplio que lo que les enseñaban dentro de las aulas. En apenas dos páginas y media, encontramos un potente llamado a reivindicar una arquitectura más social y con conciencia ecológica, que denuncia sin ambigüedades el papel que jugaba la arquitectura durante esos años como una práctica al servicio de aquellos en el poder, mientras añadían que “la sumisión del arquitecto al sistema comienza con la creencia de que poseen herramientas y conocimientos especiales que son inaccesibles para el público.”
En este texto explican además que esta postura grandilocuente y de superioridad se veía reforzada por la idea de que existen “esas cosas ‘especiales’ que sólo conocen los arquitectos” y que por tanto, permite a arquitectas y arquitectos ignorar el valor real de la profesión, y escudarse en esta forma de pensar para no asumir el verdadero papel que deben tener dentro de la sociedad, que es el de ser aliadas y no salvadoras de las personas que habitan sus edificios y ciudades.
