La vivienda moderna fue uno de los lugares donde la modernidad hizo su promesa más audaz: que la arquitectura podría reconfigurar no solo la ciudad, sino también la forma en que las personas vivían en ella. Como ha argumentado el historiador arquitectónico argentino Ramón Gutiérrez, la vivienda popular es "el gran tema no resuelto, que usualmente no aparece en las historias de la arquitectura." En América Latina, esta ausencia es significativa. A lo largo del siglo XX, las ciudades en expansión convirtieron la vivienda en una de las formas más claras de imaginar el cambio urbano y el movimiento moderno entró no solo en planos y dibujos, sino también en apartamentos, barrios, calles y rutinas domésticas.
Sin embargo, una vez construidos, estos proyectos ingresaron a ciudades moldeadas por la política, la memoria, la desigualdad y las formas cambiantes de ocupación. Sus significados ya no pertenecían solo al plan original, sino a las maneras en que fueron habitados, alterados y transformados con el tiempo. Lo que esta historia revela no es adaptación, sino fricción: el momento en que la arquitectura deja de ser un modelo ideal y se encuentra con la ciudad que no puede controlar completamente.
Imagen de Wilfredo Rafael Rodriguez Hernandez, CC0, via Wikimedia Commons.
Un Río de Janeiro radiante, bañado por el sol y mecido por la brisa del mar. La playa está llena de vida—los niños corren por la arena, las familias se divierten, risas resuenan en el viento. Así es como "Aún Estoy Aquí", película brasileña nominada a tres premios Oscar, abre su narrativa: con una ciudad maravillosa que exhala alegría y libertad, un escenario que parece salido de una postal de los años 70. Pero, a medida que la historia avanza, este paisaje luminoso se disuelve en sombras, manchado por el miedo y la incertidumbre impuestos por la dictadura militar que gobernó Brasil durante más de dos décadas.
A medida que crece la demanda de viviendas asequibles y disminuye la disponibilidad de propiedades de bajo costo, las partes interesadas en la vivienda deben volverse más innovadoras en su enfoque del desarrollo de viviendas sociales. Una oportunidad radica en restaurar y reutilizar edificios abandonados. Si bien la construcción de casas nuevas sigue siendo la estrategia principal de las autoridades y asociaciones de vivienda, rehabilitar edificios abandonados puede ser una opción más económica. Este enfoque no sólo maximiza el uso de infraestructura en ruinas sino que también brinda una oportunidad económica para aumentar las viviendas asequibles dentro de la ciudad. Aunque rehabilitar edificios residenciales abandonados puede parecer una solución obvia, se vuelve aún más crucial cuando se consideran edificios comerciales, institucionales o históricos abandonados para viviendas sociales.
La reubicación de una ciudad capital es una decisión urbana compleja con diversas dimensiones y consecuencias tanto para la antigua capital como para la nueva. Esta puede ser impulsada por factores políticos, económicos y sociales (entre otros), y tiene implicaciones tanto urbanas como arquitectónicas para los residentes. Algunos de estos factores pueden ser la ubicación, la planificación, el diseño de edificios, el propósito de la antigua capital, las condiciones climáticas y la separación de los centros político/administrativos de las ciudades culturales y económicas.
A raíz del continuo discurso urbano, países como Egipto están construyendo una nueva ciudad capital para aliviar la población y el estrés urbano en El Cairo. De manera similar, Indonesia está planeando una nueva capital en respuesta a los desafíos que enfrenta Yakarta, como la contaminación, la congestión del tráfico y el aumento del nivel del mar. Es valioso examinar otros países del sur global que han trasladado sus ciudades capitales, teniendo en cuenta las lecciones arquitectónicas y urbanas aprendidas de sus experiencias.
Vista aérea de edificios en São Paulo, Brasil, entre los que se encuentran el Edificio Copan de Oscar Niemeyer. Image vía 3 Dias Fotografia / Shutterstock
Este 11 de Julio es el Día Mundial de la Población, un evento anual iniciado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en 1990 que busca tomar conciencia sobre los asuntos demográficos globales. Un tema no menor al día de hoy ya que no sólo se espera que seamos casi 10.000 millones de personas para 2050, sino que los últimos informes de ONU-Hábitat estiman que para ese entonces dos tercios vivirán en ciudades. Al mismo tiempo, particularmente este año es interesante porque India se convierte en el país más poblado del mundo, con 1.4286 mil millones de personas, y obviamente esto abre la pregunta de cómo será construir para miles de millones.
World Population Review evalúa anualmente el crecimiento de las ciudades y la cantidad de residentes que viven en áreas metropolitanas para comprender las tendencias de evolución global. Si bien dentro de la lista de las 20 ciudades más pobladas del mundo se encuentran figuras repetidas de Asia como Tokio en Japón, Delhi en India y Shanghái en China, al mismo tiempo se encuentran una serie de ciudades latinoamericanas como Sao Paulo, Ciudad de México y Buenos Aires, que tuvieron una tasa de crecimiento con respecto al año pasado de 0,85%, 0,89% y 0,78%, respectivamente.