Las dos Catedrales de Managua: memoria arquitectónica tras el terremoto de Nicaragua de 1972

El 23 de diciembre de 1972, Managua, la capital de Nicaragua, fue golpeada por un sismo de magnitud 6.3. En cuestión de minutos, su núcleo urbano, que durante décadas había funcionado como un centro político y económico compacto, colapsó abruptamente. En el proceso de reconstrucción que siguió, las autoridades buscaron no solo reconstruir, sino reorganizar. Su objetivo era descentralizar la ciudad y prevenir futuras paralizaciones dispersando funciones a través de múltiples zonas. Uno de los resultados arquitectónicos más significativos de este cambio fue la nueva Catedral Metropolitana. Su lenguaje moderno simbolizaba tanto la continuidad institucional como la transformación urbana. Al hacerlo, encarnó la transición de Managua de una cuadrícula urbana centralizada de estilo español a una metrópoli contemporánea y descentralizada.

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Curiosamente, la designación de Managua como capital fue en sí misma el resultado de un compromiso político. A lo largo del periodo español y la primera república, León y Granada eran centros de poder dominantes y rivales. En 1855, Managua, entonces un asentamiento relativamente pequeño en la costa sur del Lago Xolotlán, fue declarada capital precisamente debido a su ubicación intermedia entre las dos ciudades.

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Managua en 1956. Imagen © US Army Map Service via Wikipedia under public domain

A finales del siglo XIX, la ciudad había consolidado su prominencia nacional y se había desarrollado en un próspero centro administrativo. Sin embargo, su trayectoria urbana sería interrumpida repetidamente por desastres sísmicos. La primera gran ruptura ocurrió con el terremoto de 1931, que destruyó gran parte de la ciudad. Los esfuerzos de reconstrucción, sin embargo, no alteraron su lógica urbana subyacente. Managua fue reconstruida según el tradicional modelo urbano español: una densa cuadrícula ortogonal organizada alrededor de una plaza central, anclada por una iglesia.


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Esa iglesia fue la Catedral de Santiago Apóstol. Aunque su fachada evocaba el neoclasicismo europeo, su estructura reflejaba la ingeniería industrial de principios del siglo XX. Prefabricada en Bélgica, su armazón de hierro fue enviada a Nicaragua y ensamblada bajo la supervisión del ingeniero suizo Pablo Dambach. Este sistema híbrido demostró ser resiliente en su momento, permitiendo que la catedral soportara el terremoto de 1931 incluso antes de ser completada.

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Plaza de La Revolución, con la Catedral Vieja y el Palacio Nacional en Managua, Nicaragua. Imagen © Martin Thurnherr via Wikipedia under license CC BY-SA 4.0
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El antiguo Centro de Managua en 1972, destruido por el terremoto del mismo año. Imagen © DayanaFerraris via Wikipedia under license CC BY-SA 4.0

El segundo y más desastroso evento fue el terremoto de 1972. El resultado fue la pérdida de miles de vidas junto con la masiva destrucción del tejido urbano. La antigua Catedral de Santiago Apóstol no cayó, pero se había vuelto estructuralmente inestable, con su reloj detenido a las 12:35 a.m., la hora del desastre. La magnitud del terremoto obligó a las autoridades a repensar por completo cómo construían ciudades, lo que llevó a los urbanistas a desmantelar la antigua tradición urbana. La respuesta introdujo una nueva doctrina de planificación: "desconcentración". En lugar de restaurar el centro histórico, las autoridades promovieron la dispersión espacial. El área del centro fue reclasificada como vulnerable sísmicamente y, por lo tanto, inapropiada como un "centro neurálgico" centralizado. Así, las funciones económicas, gubernamentales y residenciales fueron redistribuidas gradualmente a través del territorio metropolitano.

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Mapa que muestra el área de Managua que fue destruida y la expansión de la ciudad hasta 1977. Imagen via via www.gao.gov, in: Nicaragua: An Assessment of Earthquake Relief and Reconstruction Assistance, p.5

Esta política transformó la vida diaria, con la actividad comercial migrando hacia nuevos corredores, el desarrollo residencial expandiéndose hacia zonas periféricas y el antiguo centro deteriorándose en terrenos vacíos. La mayor parte del antiguo centro permaneció vacío y la antigua catedral fue cercada del público. Durante las dos décadas siguientes, Managua careció de una catedral activa que sirviera como sede de la archidiócesis.

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© Lourdes Legorreta via legorreta.mx

A principios de la década de 1990, la iniciativa para una nueva catedral metropolitana identificó un sitio al sureste del antiguo núcleo. Situado en un terreno más elevado para mitigar el riesgo sísmico, esta ubicación reflejaba la migración interna de Managua post-1972 alejándose de la orilla del lago. En lugar de intentar reconstituir el núcleo histórico destruido, los planificadores ubicaron la catedral dentro de un tejido urbano descentralizado. El diseño arquitectónico fue encargado al arquitecto mexicano Ricardo Legorreta con un importante respaldo financiero del empresario estadounidense Tom Monaghan. Inaugurada en 1993, rechazó la verticalidad y ornamentación del neoclasicismo europeo. En cambio, Legorreta utilizó horizontalidad, masa y austeridad material para definir la presencia del edificio dentro del territorio metropolitano en expansión.

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El lado norte de la nueva catedral. Imagen © Lourdes Legorreta via legorreta.mx

La característica principal de la catedral, sesenta y tres cúpulas de concreto, sirve como solución tanto estructural como ambiental. Sísmicamente, estas cúpulas están atadas a un marco continuo de concreto armado, creando una rígida "caja antisísmica" diseñada para el alto riesgo geológico de Managua. Ambientalmente, las cúpulas facilitan la ventilación natural y la iluminación controlada a través del efecto chimenea, abordando el clima tropical sin depender de refrigeración mecánica. Al reemplazar el ornamento religioso tradicional con un lenguaje de sombra y luz filtrada, el edificio funciona como un ejemplo de regionalismo crítico, donde la honestidad material está dictada por la necesidad climática y estructural.

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Vista general de la ciudad de Managua con la nueva Catedral en el paisaje. Imagen © PixieMe via Shutterstock

Hoy en día, las dos catedrales de Managua funcionan como testigos arquitectónicos de un siglo de transformación urbana. La primera representa una capital centralizada, inspirada en el colonialismo: densa, institucional y políticamente concentrada. La segunda encarna una metrópoli descentralizada definida por la dispersión y la expresión moderna. En este contexto, la Catedral Metropolitana opera no solo como una estructura religiosa, sino como un nuevo símbolo dentro de una ciudad reconfigurada. Juntos, los dos edificios demuestran cómo la arquitectura puede reflejar y moldear activamente la memoria urbana después de un desastre y un cambio político.

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Sobre este autor/a
Cita: Carrasco, Moises. "Las dos Catedrales de Managua: memoria arquitectónica tras el terremoto de Nicaragua de 1972" [The Two Cathedrals of Managua: Architectural Memory After Nicaragua’s 1972 Earthquake] 25 feb 2026. ArchDaily México. (Trad. Iñiguez, Agustina) Accedido el . <https://www.archdaily.mx/mx/1038917/las-dos-catedrales-de-managua-memoria-arquitectonica-tras-el-terremoto-de-nicaragua-de-1972> ISSN 0719-8914

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