El caso del fallido Memorial 19S demuestra que las protestas pueden moldear la ciudad

La propuesta para el memorial de las víctimas del terremoto en la Ciudad de México conoció la fuerte resistencia de los residentes quienes demostraron que las autoridades no tienen la suficiente autoridad para las personas que se quedaron sin hogar tras la tragedia. Imagen vía Common Edge

Este artículo fue publicado originalmente en Common Edge bajo el título "Letter From Mexico City: An Insidious Memorial to a Still-Unfolding Tragedy."

Observando la Ciudad de México hoy—una metrópolis densamente poblada, donde el espacio vacío es escaso—es difícil imaginar que hace algunas décadas, tras un sismo devastador el 19 de septiembre de 1985, más de 400 edificios colapsaron, dejando una serie de heridas abiertas esparcidas por el paisaje urbano. 

Exactamente treinta y dos años después, el aniversario de ese desastre se conmemoró en la ciudad con un simulacro de evacuación. Algunas horas más tarde, comprobando que la realidad es en ocasiones más extraña que la ficción, el suelo nuevamente comenzó a temblar, abriendo paso a lo que sería otro de los desastres más mortales en la historia de la ciudad. Una vez más, colapsaron decenas de edificios, dejando un número de muertes que incrementaba hora con hora y eventualmente alcanzó los 361, así como multitudes de ciudadanos deambulando por las calles, intentando localizar a sus seres queridos a través de la debilitada cobertura de sus celulares. “Acabábamos de evacuar por el simulacro,” se repetía, como una mantra colectiva. “¿Cómo pudo pasar esto de nuevo?”

A finales de marzo, apenas seis meses después de la tragedia, el entonces gobernador de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, dio a conocer una convocatoria para el proyecto arquitectónico de un memorial a las víctimas del reciente sismo. El presupuesto sería de 60 millones de pesos mexicanos—14 millones para su construcción y 46 millones para la expropiación del terreno, ubicado en 286 Álvaro Obregón, donde 49 personas perdieron sus vidas dentro del edificio de oficinas que colapsó minutos tras el terremoto. 

Las intenciones detrás de erigir un memorial normalmente son nobles. Varios ejemplos se vienen a la mente que son, sin duda, poderosas expresiones de tanto la vulnerabilidad como la resiliencia humana, así como manifestaciones de un tipo de arquitectura que es capaz de inspirar y redimir. Sin embargo, el caso del memorial propuesto para las víctimas del sismo del 19 de septiembre le parecería insensible a cualquiera, dado que las calles de la ciudad aún son habitadas por miles de personas cuyos propios hogares se encontraban en los edificios que colapsaron en el desastre o tuvieron que ser demolidos poco tiempo después. En Ciudad de México, la emergencia persiste. ¿Cómo se puede pretender conmemorar una tragedia aún vigente? 

Esta no es la primera vez que la arquitectura y el espacio público son aprovechados por las autoridades para servir como propaganda; a través de la historia, la construcción de memoriales ha permitido que los gobiernos esterilicen la imagen de sus ciudades y se feliciten por un trabajo bien hecho mitigando los desastres y tragedias que han abatido a sus ciudadanos. En este caso, la propuesta del memorial resulta particularmente indignante tomando en cuenta el reciente historial de cuestionables construcciones en la ciudad.

Sucede que la Ciudad de México no se salva de la desenfrenada corrupción que atormenta a muchas naciones de tercer mundo. A pesar de los obvios riesgos implicados en la constante actividad sísmica del área, se han seguido construyendo edificios bajo dudosas circunstancias, en un país donde una “mordida” logra colocar casi cualquier firma en un permiso de obra. Las devastadoras consecuencias del sismo del año pasado fueron, sin lugar a duda, resultado directo de la incapacidad del gobierno de imponer, en algunos casos, hasta los más básicos reglamentos de seguridad, así como su indignante carencia de algo siquiera semejante a un plan de acción sensato para responder una vez que la tragedia inevitablemente se presentara de nuevo. 

Algo tan cínico que raya en lo absurdo: Durante el estado de emergencia que se presentó inmediatamente tras el sismo, algunas cuentas oficiales de gobierno en Twitter se utilizaron para re-twittear peticiones ciudadanas de material básico de rescate y comida para víctimas y voluntarios. Vale la pena cuestionar, entonces, de dónde salen tan fácilmente 60 millones de pesos algunos meses después, para un espacio conmemorativo. La convocatoria fue entendiblemente recibida con enojo por parte de la comunidad arquitectónica del país, ciudadanos y víctimas de la tragedia. Su enojo, en cambio, fue inicialmente recibido con la indiferencia que ha llegado a esperarse de un gobierno que opera con impunidad. 

El anuncio de la propuesta ganadora estaba agendado para el 4 de mayo, pero llegó diecinueve días después—a pesar de un previo comunicado asegurando que el fallo se pospondría hasta que las víctimas y sus familias fueran consultadas y correctamente integradas al proceso. Finalmente, se dio a conocer el diseño ganador, repleto de los esperados clichés: una generosa cantidad de acero COR-TEN enmarcado un vacío. Más allá de un trillado simbolismo, es difícil descifrar qué pensaban los arquitectos que su proyecto podría aportar a la ciudad, o cómo beneficiaría a aquellos más afectados por el desastre. 

Miembros de Nuestro Memorial 19S y un grupo de ciudadanos protestando por la propuesta del memorial de las víctimas en la Ciudad de México. Imagen vía Common Edge

Hubo, sin embargo, un alentador acontecimiento en esta historia, que logró silenciar parcialmente a los cínicos (como yo), quienes desde un principio aseguraban que todo terminaría en un despilfarro de fondos públicos y un decepcionante monumento. Una iniciativa ciudadana de nombre Nuestro Memorial 19S surgió con la intención de funcionar como una plataforma para las víctimas del sismo. A través de redes sociales, conferencias de prensa y protestas públicas, fueron implacables en su oposición al memorial, mientras que el gobierno ignoraba las necesidades básicas de los damnificados. Menos de un mes después de anunciar la propuesta ganadora, las autoridades gubernamentales reasignaron el presupuesto de 60 millones al Fideicomiso Público para la Reconstrucción. 

Aunque esta historia parece haber tenido un buen final, el mareante episodio sirve como una advertencia a ciudadanos de desconfiar en las intenciones de un gobierno que pretende utilizar fondos públicos para conmemorar una tragedia dolorosamente reciente. Globalmente, el actual clima político ha dotado de un renovado sentido de urgencia al concepto de resistencia social, un ejercicio agotador que, en ocasiones, puede parecer inútil. Quizá la moraleja más relevante de esta historia es, entonces, que unos cuantos ciudadanos organizados y persistentes pueden lograr detener proyectos públicos que no benefician a la comunidad, incluso cuando se enfrentan a gobiernos notoriamente corruptos. 

La presente traducción fue realizada por la autora del artículo.

Ana Karina Zatarain es una escritora que radica en la Ciudad de México y ex Editora de ArchDaily. Está particularmente interesada en explorar las formas en que el arte, la arquitectura y el diseño pueden representar un cambio significativo en la sociedad.

Sobre este autor/a
Cita: Zatarain, Karina. "El caso del fallido Memorial 19S demuestra que las protestas pueden moldear la ciudad" [The Failed Mexican Earthquake Memorial That Shows Protest Can Still Shape the Urban Environment] 25 jul 2018. ArchDaily México. (Trad. Arellano, Mónica) Accedido el . <https://www.archdaily.mx/mx/898852/el-caso-del-fallido-memorial-19s-demuestra-que-las-protestas-pueden-moldear-la-ciudad> ISSN 0719-8914

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