
Escondida entre las majestuosas cumbres del Cáucaso y los encantadores paisajes de Oriente Próximo, Armenia es una nación pequeña pero profundamente orgullosa, moldeada por escarpadas montañas y antiguos volcanes. Siendo uno de los países más antiguos del mundo, sus raíces se remontan al siglo VI a. C., en la encrucijada de imperios: el persa, el romano, el bizantino y el otomano. Sin embargo, a lo largo de siglos de agitación, Armenia ha conservado su identidad distintiva, grabada en su lengua, arquitectura y ricas tradiciones culturales, lo que le ha valido el evocador título de «la tierra de las piedras».
Y las piedras, literalmente, cuentan la historia de Armenia. Como primera nación en abrazar el cristianismo en el año 301 d. C., la fe ha dejado su huella no solo en espíritu, sino también en piedra, dando forma a las emblemáticas iglesias y monasterios del país. La tierra alberga siete volcanes, tanto activos como extintos: Ara, Aragats, Alages, Arteni, Gegham, Porak y Tskhouk-Karchak, que constituyen un testimonio de la historia sísmica de la región. Sus erupciones proporcionaron a Armenia un suministro inagotable de roca volcánica, en particular toba y basalto, la columna vertebral de su arquitectura. Duraderas, prácticas y ricas en historia, estas piedras no son solo bloques de construcción, sino los cimientos de un legado perdurable.

















